—Señor Vasileiou, le habla Cicero Anagnostou —se identificó el investigador privado. Orestes tenía su número telefónico registrado en su agenda, por lo que sabía a perfección con quien estaba hablando. —Ajá, dígame ¿qué tiene de novedoso? —inquirió sin permitirle mayores formalidades, no estaba de humor, y perder el tiempo era algo que no quería. Tenía un trabajo que ejecutar y tampoco quería que su vida se viera perjudicada en esa área, tenía suficiente con el desastre que estaba tornándose su vida privada. —Verá, estuve indagando en la clínica donde nació su hija, y como no había nada raro en el registro de su nacimiento, pedí contactarme con los que intervinieron ese dia en el alumbramiento de la niña, ahí me informaron que todos, escúcheme bien señor Vasieliou, todos, absolutamente

