Sintiéndose preocupada ante la notificación de Orestes, Peyton solo con el móvil en su mano, luego de cambiarse de ropa, bajó las escaleras de la casa, y salió al exterior, se dirigió al lugar donde cree que es la casa donde pernoctan el chofer y el jardinero. Los encontró sentados en el porche de un anexo bastante atractivo. —Señorita, buenos días —la saludaron al unísono y se pusieron de pie de inmediato la vieron. —Buenos días, disculpen —le respondió a ambos—. Necesito que, por favor, me lleve al jardín donde están las niñas —le pidió al chofer. —Por supuesto, voy por las llaves del automóvil —le dijo esté y se adentró en la casa. Peyton se quedó parada mirando la puerta, nerviosa, a la espera de su salida. No tardó mucho pero dado que se encontraba en un estado de nervios incontr

