—Permiso —Cicero anunció su entrada en la oficina. —Pasa, cierra rápido —le pidió Orestes desde su sillón. Estaba tan abrumado de sentimientos encontrados que no sabía cómo hilar toda la información que tanto Cicero como el hombre que estaba sentado al frente de él le acababan de dar. —¿Sucedió algo? —le preguntó Cicero al verlo con una expresión de consternación, por darle algún nombre al semblante de Orestes. —Cuéntele al señor lo que me acaba de contar —le pidió a Graham quien lo miró en reproche—. Él es un investigador privado que contraté precisamente por los rumores que comenzaron a correr sobre la paternidad de Hannah y por unas pruebas que solicité a hacernos unas pruebas de paternidad y, como bien usted sabe, salieron negativas, desde que supe ese resultado me he sentido inqu

