—¿Deseas acompañarme a una aburrida exposición fotográfica en dos días? —le inquirió Carson a Audris. Llevaban dos horas en la habitación de un hotel que Carson seleccionó al azar y de manera apresurada luego de que vio la oportunidad de sacar un provecho de lo que creyó sería una titánica labor de convencerla a asistir al lugar donde se estaba armando la emboscada para develar la mentira que ella ha estado armando y acrecentando por todos esos años. Acostada a su lado con una sabana a medio cubrir solo sus nalgas, Audris levantó el rostro de la almohada donde lo tenía escondido luego de la tercera sesión de sexo que acababa de tener con Carson. El hombre terminó exigiendo más de lo que ella esperaba dar. Se sentía agotada, había olvidado lo que era estar con un hombre, Carson resultó s

