Llegado el día de la siguiente audiencia, para Orestes fue cuesta arriba, porque Peyton pese a estar bajo un estricto reposo, insistió en asistir. —No puedes ponerte en riesgo —le dijo mientras se levantaba de la cama esa mañana. —No me voy a poner en riesgo, estaré sentada detrás del abogado, a tu lado, ¿Qué me podría pasar? —inquirió sin ver peligro alguno. —Llevarte una mala impresión puede tener efectos negativos —le dijo serio—. No quiero arriesgar la recuperación que has ganado en estos días. —Sé la responsabilidad que tengo, también quiero ver nacer a mis bebés, cargarlos en mis brazos, pero también quiero ver la cara de esa desgraciada cuando el juez la ponga sobre el banquillo de los acusados. —Bastará con que sepa que la acusaron, ¿Qué vas a ganar yendo allí a exponerte?

