Sumergida como estaba en su afán de ver padecer a Peyton, Nadiuska no escuchó el ruido que afuera hicieron varios automóviles al estacionarse alrededor de la entrada de la casa. No vio venir el comienzo del infierno que sería su vida. —Necesitamos hacer un movimiento estratégico, si adentro está la señora, y si hubo gritos como informó la persona, no debemos prolongar más el suspenso ni el peligro de la señora, revisemos si la propiedad tiene salidas auxiliares, vamos a bloquear todos los espacios y una vez aseguradas las puertas ingresamos —dijo el hombre uniformado con el que Orestes estuvo en comunicación. El grupo de hombres a los que le encomendó la inspección de los alrededores, bordearon la casa, y este se giró a dar instrucciones a otros dos. —Vayan y verifiquen qué tipo de cer

