—Buenas noches, señorita —Orestes saludó a una mujer que estaba distraída detrás del mostrador. Llegaron finalmente al hotel que escogió para pasar por sus manos unos dos días mientras le entregan los resultados de las muestras que va a solicitar. Es la única forma que encontró para garantizar la seguridad de las mismas. Para ello le tocaba hacer lo que estaba mostrando, andar escondido, hacer lo que es indispensable como un solapado, como si le debiera algo a la vida, y hasta a sus propios empleados. La desconfianza que antes había limitado a sus relaciones sentimentales, ahora se ve obligado a extenderla a todas las áreas de su vida. —Buenas noches, señor —le respondió la mujer—. ¿En qué puedo ayudarles? —inquirió al verlo y luego detrás de él para encontrar a Peyton y a ambas niñas de

