Abby no había podido recomponerse cuando se vio envuelta en otra situación peligrosa, una en dónde no solamente su vida estaba en riesgo sino también, la de su hijo y su esposo. Sus ojos marrones no dejaban de observar el aspecto desesperado de su pareja. Estaba aterrado, al igual que ella. Con cada segundo que pasaba en los brazos de su captor, no aguantaba ver como los ojos verdes de su esposo se volvían más temerosos, no lo soportaba, pero era incapaz de apartar la mirada de este. Abby se mordió el labio inferior con fuerza, sintiendo el sabor cobrizo de la sangre. Estaba al borde de su resistencia. Sentía como las piernas le temblaban, y como el dolor del parto aún persistía en sus extremidades. Había perdido la esperanza de salir de este lugar con vida. Además su corazón latí

