El cuerpo sudoroso del hombre se apretaba con brío contra el de su compañera. Sus manos sostenían con fuerzas las piernas de la chica, logrando mayor acceso para sus embestidas. Sus caderas se mecían en un vaivén estremecedor. Reclamando con poderío cada porción de placer que podía obtener dentro de la cavidad calidad de la mujer que gemía bajo sus movimientos. Los sonidos eufóricos y lascivos se derramaban sobre el espacio que suponía la habitación. La pareja estaba perfectamente compenetrada, gracias al tiempo que llevaban ejecutado esos encuentros furtivos. Sin embargo, Alec, por más enfocado en lo que estaba haciendo no lograba alcanzar el placer que estaba buscando. Su ceño estaba completamente fruncido, y los ruidos que salían de la boca de la mujer que tenia debajo de él solo

