Abby alzó la mirada y vio al hombre al que había ido a buscar por impulso. Cuando salió de su habitación, se habían reprochado todo el camino, pero aún así continuó dándole pies a su locura. Sin embargo el golpe que recibió al llamar a la puerta de este y no recibir respuesta, fue entumecedor. Se sentía patética por lo que estuvo a punto de hacer. Su corazón había bajado la intensidad con la que se estrellaba contra su caja torácica, luego de tan indolente descuido. La decepción la embargada. Tanto que al ver al hombre frente a ella, mirándola de esa forma tan conocida, creyó estar alucinado. Sus ojos marrones pasearon por el rostro casi fuera de este mundo que poseía Ean Winchester, dándose cuenta de lo que sentía no era una simple atracción. Escuchar como su nombre salía de los

