Verdadero Amor
*Nuestros corazones uno por siempre serán, los límites y las dificultades rivales no son, porqué más allá de la muerte llegará a través de la luz y la oscuridad, nada romperá este verdadero amor...*
Esas fueron las últimas palabras que pensó y escuchó Javier… Pero para saber lo que le pasó, debemos ir atrás donde esta bella y triste historia comenzó...
Javier e Isabella se conocieron cuando ambos eran pequeños, y asistían al jardín de niños. Desde entonces Isabella ha sentido una fuerte atracción hacía Javier, y nunca la ha perdido. Ella estuvo enamorada de él por mucho tiempo, y cuando finalmente llegaron a la secundaria, ella se le declaró, y él sin dudar aceptó. Fueron una hermosa pareja, se graduaron juntos en la universidad, y se acercaba el día de su boda.
Todo les iba a de maravilla, pero como ya habrán notado, algo terminó mal. Llegaron a los 25 años, planeaban una boda, y luego empezar una familia. Un hermoso día Javier se preparaba para proponerle matrimonio, y le había dicho a Isabella que fuera a verlo en un hermoso parque, cuyo ambiente le fascinaba a Isabella. Todo era perfecto.
Ella iba de camino, sabía lo que le esperaba y no podía aguantar la emoción. Pero, no todo es de rosas. Mientas iba de camino, en su auto, nada parecía poder detener su camino. Pero en la lejanía, observó que un coche de policía perseguía un coche fugitivo. El fugitivo mostraba ser hábil, evadía a los policías de forma estratégica. Llegó un momento en que éste dio la vuelta, y sin saber que Isabella pasaba por ahí, chocó la parte frontal de su auto, sacándolo de rumbo y haciéndolo girar sin control, y por supuesto el airbag (bolsa de aire) se activa de golpe.
En su intento de recuperar el control, fue a dar contra el coche de policías. Justo cuando se logró quitar el airbag de encima, figuró en que iba directo a un edificio, y sin poder impedirlo choca contra un poste de luz e impacta contra el muro del edificio. El poste de luz cae y rompe una ventana y los vidrios rotos se precipitan sobre el auto. Y entre lluvia de vidrios rotos, uno de estos cae sobre el vidrio del auto y al final terminan incrustados sobre el cuerpo de Isabella, matándola al instante.
Javier supo que algo andaba mal cuando notó que Isabella ya estaba tardando en llegar. Habían pasado más de 4 horas desde que ella le había dicho que iba hacía él. Entonces comenzó a llamarla, no lo había hecho antes porque pensó que ella planeaba algo o algo la retrasó, pero cuando ya han pasado 4 horas, es cuando se sabe que algo anda mal y hay que preocuparse. Ella no le contestaba, y luego de numerosos intentos en vano, decidió buscarla por el trayecto que se supone debía ella recorrer.
No tardó mucho en conocer la noticia, y muy fúnebre, el cementerio se celebró a los pocos días. El que más sufría era Javier, quien se ahogaba en su tristeza. No podía soportarlo, pero tuvo que aguantar, tuvo que ser fuerte. Por ella. Juró nunca volver a amar, su amor siempre sería de Isabella y nadie ni nada cambiaría eso.
Ese mismo lúgubre día. Se dedicaba a volver a su casa en un estado de ánimo destrozado ya que esa era la casa que había compartido con Isabella desde tiempos ahora inmemorables. Pero al llegar, empezó a notar irregularidades muy extrañas como que por ejemplo, su puerta estaba abierta. El la había cerrado al salir, pero en su tristeza, no le dio importancia e ingresó a su hogar.
Mientras se adentraba en su casa y sin darse cuenta, al ras de su paso, las cruces se invertían, todo retrato se caía, los cuadros se giraban, y los espejos se rompían. Esto último hizo estremecer a Javier, quién no entendía que demonios sucedía. Las luces empezaron a comportarse de manera muy extraña, y el miedo de Javier crecía como la oscuridad arrasaba su habitación.
Un frío abrasador inundó la habitación, y crecía cada vez, ya que las cortinas se cerraban, básicamente la habitación quedó sellada cual ave enjaulada y sin comprender que sucedía, trató de llamar a la policía. Pero el celular se le voló de las manos, entonces Javier corrió a la puerta pero por supuesto estaba cerrada. Corrió hacía su habitación desesperado. Apenas entró, la puerta fuertemente se cerró tras él.
Pero no había entrado en su habitación precisamente, sino que había entrado en la habitación de su futuro hijo o hija. Allí, tenían de todo, se estaban preparando para lo que fuese el bebé. Allí, sin razón alguna comenzaba a reinar una niebla fría y abrazadora. Javier, perplejo retrocedía, quería salir de allí, pero no podía, la puerta no abría. Empezó a escuchar unos extraños ruidos desde el otro lado de la habitación, como si algo hubiese caído y se arrastraba en dirección hacia él.
Estuvo lo suficiente cerca como para que la niebla no impidiese verla, y entonces vio que era una de las muñecas que había comprado para su futura hija en caso de que fuera niña. Con miedo y pánico de la muñeca, de la nada suena una de esas cajas musicales con una bailarina adentro que comenzaba a bailar al son de la música. Mientras la muñeca se le acerca, extiende los brazos como si quisiera abrazarlo. La melodía de la caja de repente se pone en reversa y de entre ese bullicio, se puede desentrañar una voz que intenta decir algo.
Javier despavorido de miedo y pensando que su vida iba a acabar, abre la puerta de una patada y sale corriendo, pero la música al revés seguía en su cabeza. La música se escuchaba en toda la casa, y en eso logró escuchar algo como “lo siento” repetidas veces, y era como un susurro. Aquel susurro se le hacía familiar, pero no distinguía quién era, sólo le parecía ser femenino. Volvió a donde el teléfono había caído antes, lo recoge y vuelve a intentar llamar a la policía, esta vez con éxito.
Pero las cosas en la casa no pararon, todo era un caos. En la pared, comenzó a ver que se escribían unas palabras, “Soy yo” en n***o por todas partes. Parecía sangre negra, pero Javier estaba muy asustado como para entender qué sucedía. Se echó en un rincón a sollozar en silencio. Pero todo se reinició cuando el timbre de repente sonó, todo se acomodó de vuelta a su estado normal. Aquello tranquiliza un poco a Javier.
Javier se levanta, y aún un poco perturbado va hacía la puerta. Y lo que vio no hizo que la cosa mejorase, vio a Isabella. ¡Imposible! Pensó de inmediato. Su cabello le cubría el rostro, tenía la piel muy pálida y parecía tener mucho frío. Parecía que quería decir algo, levantó los brazos, como solicitando un abrazo. Javier con una expresión de horror, se quedó paralizado. Y cuando Isabella intentó acercarse, Javier empezó a escuchar “Javier” repetidas veces, hasta que cayó en cuenta de que una oficial de policía trataba de hacerlo reaccionar.
La policía registra la casa después de haber interrogado a Javier, pero nada encontraron. Al final se retiraron, y Javier, asustado trató de relajarse e irse a dormir. En eso de las 3:00am Javier se levanta de nada, sin entender qué o por qué, se para de su cama. Siente unas enormes ganas de ir al baño, así que allí se dirige. Una vez en el baño, hizo sus necesidades, y se ve en el espejo para lavar sus manos.
En el reflejo, pudo ver nuevamente a Isabella detrás de él. Le estaba tocando el hombro, por alguna razón, él no podía moverse ni gritar, pero por dentro se sentía muy asustado. Ella pide disculpas, Javier no entendía, Javier trata de ver a otro lado, y cuando vuelve a mirar, ya puede moverse e Isabella no está.
Confundido, se vuelve a acostar. Casi a las 2 horas después, Javier despertó de súbito. De nuevo no podía moverse ni hacer prácticamente nada. De repente comenzó a sentir una extraña sensación en la parte de su cama, algo se le subía encima. No sabía que era ésta vez, pero parecía una mujer, pero toda su piel era negra, su cabello le cubría el rostro nuevamente. Pero no parecía querer hacerle daño, aunque eso no era lo que pensaba Javier. La mujer se le acercó cada vez más. Y cuando estaban cara a cara, Javier de repente despertó al día siguiente pensando que todo era un sueño. No le dio más importancia y pensó en una forma de deshacerse de ese fantasma de una vez por todas.
Llamó a un espiritista, y éste fue a su casa esa misma noche. Éste llegó acompañado de un sacerdote. Las cosas tomaron le mismo rumbo que la noche anterior. El espiritista y el sacerdote llegaron a la misma conclusión, el fantasma en cuestión no era nada más y menos que la mismísima Isabella. Por supuesto Javier ya lo sabía, pero lo que dicen después si lo impresiona.
Ella no quiere hacerle daño, ella está tratando de decirle algo y no logran descifrar lo que es. De repente el espiritista capta una señal, el espiritista comunica: “Isabella quiere estar a solas con Javier, dice que está lista para decirle lo que tiene decirle. Pero Yo y el sacerdote debemos estar afuera de la habitación”. Ambos cumplen con la petición diciéndole a Javier que todo estará bien, ellos estarán del otro lado de la puerta y que todo saldrá bien.
Javier termina aceptándolo, y el espiritista y sacerdote salen de la habitación. Javier trata de controlar su miedo, y se prepara. Entonces, el frío volvió, lo abrazaba con furia, y las luces la acompañan con una oscuridad abrumadora. La niebla volvió a hacer acto de presencia e incluso parecía brillar de un azul tenebroso. Todo muñeco y aparato similar comenzó a moverse sin control. Las cortinas ondeaban y no había ni rastro de viento. Las paredes se llenaban de las palabras “lo siento” “Javier” y “la carta” por todos lados sin dejar espacio sin cubrir. Entonces la vio, salir de entre la niebla, Isabella.
Estaba igual que la primera vez que la vio en la puerta. Pero esta vez no hizo ningún gesto hacía él. Sino que se dirigió a la habitación, y Javier sintió una fuerte sensación, se sentía obligado a seguirla. Una vez en la habitación, notó que, escrito en n***o, en toda la habitación estaban escritos las palabras “lee la carta”.
Isabella se paró a un lado de la mesa de noche, con la mano señalando una hoja de papel. Cuando Javier tomó la carta, Isabella se desvaneció en humo y se mezcló con la niebla. Javier desdobló la carta, y justo al comenzar a leer, la caja de música de antes volvió a sonar. Al unísono de la música comenzó a recitar:
Querido Javier. Primero que nada si estás leyendo esto, ya estoy muerta. Lo sé, lo sé, suena feo. Pero tranquilo, déjame aclararte todo. He muerto en un accidente de autos en un persecución. El fugitivo chocó mi auto, perdí el control, el coche de policía también chocó mi auto fui a dar contra un poste y luego a un muro. Solo para terminar siendo atravesada por trozos de vidrios, que me mataron al instante. Luego de haber muerto, volví a casa, como espíritu. Escribí la carta que tienes ahora en la mano. Pero no escribí esto para contarte como morí. Sólo te quiero decir que te amo. De verdad te amo. Te he amado desde la primera vez que te vi. Desde aquella en el kinder. Yo era un dulce niña y tu llegaste con tu encanto y con tus suaves manos me llevaste a través de un hermoso campo de rosas. Tus hermosos ojos me transportaron a un precioso mundo de maravillas. Me cautivaste, y me enamoraste. Desde ese día mi amor por ti ha crecido como la luz del sol entra por tu ventana y anuncia que un nuevo hermoso día ha comenzado. Y la vez que nos unimos en la secundaria, fue el mejor día de mi vida. Y se supone que aquel día de mi muerte íbamos a casarnos. Pero el destino no funciona así. Es todo, de verdad lo siento por no haber llegado al parque. Nos veremos, Javier…
En ese momento Javier lo comprendió todo, ella estuvo todo el rato tratando disculparse, la muñeca, ella en la puerta. Pero ahora Javier tenía otra cosa en la cabeza “Nos veremos”. Javier sabía lo que tenía que hacer. Su mente se nubló, fue corriendo a buscar una soga. Volvió a su cuarto, y ahí mismo se preparó. Ya estaba con la soga al cuello cuando comenzó a escuchar un poema. Tal poema le inundó también el pensamiento. No pensaba en nada más.
Javier iba en camino a reunirse con su amada en el más allá, se amarían para siempre. En la pared también se escribió el siguiente poema, y es donde volvemos al principio de esta historia:
*Nuestros corazones uno por siempre serán, los límites y las dificultades rivales no son, porqué más allá de la muerte llegará a través de la luz y la oscuridad, nada romperá este verdadero amor...*