CAPITULO 17 —Mira, Hilda —dijo Connie tras la comida, cuando estaban ya cerca de Londres—, tú no has llegado a conocer ni la ternura ni la sensualidad de verdad: y si se llegan a conocer, y con la misma persona, la diferencia es enorme. —¡Haz el favor y déjame en paz con tus experiencias! —dijo Hilda—. Todavía no he encontrado un hombre capaz de llegar a una verdadera intimidad con una mujer, de entregarse a ella. Eso es lo que yo he buscado. Me sobran su ternura en beneficio propio y su sensualidad. No quiero ser el juguetito de un hombre ni su chair á plaisir. He buscado una intimidad completa, y nada. Así que se acabó. Connie pensaba en aquello. ¡Intimidad completa! Imaginaba que quería decir ponerse por completo al descubierto ante la otra persona y que la otra persona hiciera lo mi

