—Dímelo entonces —contestó él. —Es el coraje de tu propia ternura, es eso: como cuando me pones la mano atrás y me dices que tengo un culo bonito. La mueca volvió a su cara. —¡Eso! —exclamó él. Luego se quedó pensativo. —¡Sí! —dijo—. Tienes razón. Eso es realmente. Siempre es eso. Lo sabía con mis hombres. Tenía que estar en contacto con ellos, físicamente, y no retroceder. Tenía que ser corporalmente consciente de su presencia y mantener la ternura, aunque les hiciera lanzarse al infierno de cabeza. Es cuestión de consciencia, como dice Buda. Aunque incluso él se acobardó ante la consciencia corporal y ante esa ternura física natural que es lo mejor incluso entre hombres; de una manera apropiadamente viril. Eso les hace realmente humanos y menos simiescos. ¡Sí! Es realmente la ternura

