—¿Es en serio? —preguntó una Fabiana muy emocionada. —Sé que acabamos de conocernos y que no tienes motivos para confiar en mí, pero piénsalo, Fabiana. Te juro que no te vas a arrepentir. La pobre chica soltó el aire que estaba reteniendo y esbozó una sonrisa. —Si yo no tengo nada qué pensar... Es... Ese siempre ha sido mi sueño —respondió, mientras sus ojos se llenaban de lágrimas. —¡Esa es la actitud!... —celebró Joel —. Bueno, obviamente, no va a ser de un día para otro, pero te aseguro que puedes llegar muy lejos... Yo sé, por qué te lo digo. —¡No lo puedo creer!... Dime que no estoy soñando —musitó Fabiana, abanicando su rostro con sus manos, para evitar llorar. Samantha soltó una estruendosa carcajada; sin previo aviso, tomó la mano de la chica junto a ella y la pellizcó, lo q

