1.2

1956 Words
- Espero que no lo haga. Porque a pesar del tiempo que llevas aquí, sabes que eres totalmente reemplazable. Cualquiera puede ocupar tu lugar de trabajo y eres consciente de ello Ada. Así que, enfócate en tus objetivos y deja de perder el tiempo divagando en cosas banales y poco productivas. - dictamino alzando su barbilla tanto como pudo, estirando su cuello. Haciendo un gesto desdeñoso para que saliera de la oficina. Y asentí de inmediato saliendo de allí fingiendo que sus palabras no habían sido lanzadas sin tacto. Si, era mi culpa por la falta de puntualidad. Pero el, y su forma de hablarme era tan ridícula. Lo detestaba ciertamente. No iba a ponerme a llorar a causa de él. Si eso era lo que esperaba de mi estaba muy equivocado. No soy alguien que sufra por los reflejos de los demás. Y si a Eduardo le gustaba ser así de duro con sus empleados, yo podría ser el doble de dura con él. El teléfono vibro en mi bolsillo haciéndome respingar en el lugar mientras me sentaba de nuevo en el escritorio. Derrotada y regañada. Para ponerle la cereza al comienzo del día, y de la semana. Saque el celular leyendo el mensaje de mi madre. "Estamos bien, tu papa está sonriendo en el sofá gracias al show de los Jackson, amamos la televisión, gracias hija, te amamos". Cita en su mensaje y una sonrisa se desliza en las mejillas. Sonrojándome, casi provocando que los ojos se me aguaran con ganas de llorar de inmediato. Impidiéndome pensar en otra cosa, más que en la felicidad de mis padres por un minuto. Todo mi sueldo se fue en ellos y en esa tv que tanto deseaban. Y si, al fin logre comprársela, después de varios meses ahorrando para hacerlo, lo logre. Espero poder continuar dándole más. Termino con el emotivo momento poniéndome a trabajar y adelantando algunas citas de Eduardo. Vienen a verlos varios accionistas que se interesan en invertir en la empresa aún más, y el acepta varios tratos, así como, rechaza otros. Me llama a la hora del almuerzo para mandarme a traer su pasta con raviolis y me asqueo de nuevo. Si no fuese por esa hora que hace de gimnasio todas las tardes, ese hombre estuviese rodando a estas alturas de la vida. Me tomo un momento para almorzar una deliciosa hamburguesa que el pago, porque al ser su secretaria me permite cargar mis comidas a su cuenta, y eso es algo que no suelo desperdiciar. Así que me enamoro de los sabores almorzando en mi escritorio, mientras tecleo varios correos en la computadora, que serán enviados el día de mañana. Quedan programados y cierro la pestaña, centrando toda la atención en la comida. Cosa que, no veo de inmediato donde la deje y palidezco. Creyendo que lo he tirado todo al suelo. - Hola tú. - Enrique me saluda desde las sillas del frente y suspiro cuando veo la bandeja en su mano. Agradeciendo al cielo que no hice un desastre más en esta oficina. Miro la hamburguesa gorda y rellena de forma celestial y él se ríe caminando hacia mi lugar para entregarme la bandeja y yo le doy un mordisco de lleno a la hamburguesa, sin perder tiempo. ¿Me veo como una persona con hambre? Si. Y la verdad es que, ni a Enrique ni a mí, nos importa. - ¿Qué estás haciendo en este piso? - inquiero después de pasar toda la comida que hay en mi boca. El no deja de reírse y giro los ojos ignorándolo. - Vine a ver como estabas. Ayer no me respondiste los mensajes después que tú y Yuli salieron del club en el taxi que les pedí. Me preocupe mucho. Gracias al cielo que vinieron hoy a la oficina, porque de lo contrario me hubiese preocupado el doble, Ada. - Es que hacía mucho sueño - forme un puchero con los labios -llegamos, nos cambiamos y caímos rendidas. Yuli se quedó en mi casa, pero esta mañana con lo ebria que seguía no escuche cuando me llamo para venir a trabajar, se fue sin mí, y llegue tarde. Pero todo salió bien... Gracias por preocuparte. - No es nada. Pero es importante que siempre que regresan a casa avisen. O que al menos me permitan llevarlas. Yo estaba sobrio. Enrique es muy amable. Fue uno de los que me acogió en la empresa como una más desde que entre y se lo agradezco muchísimo. - También venía a invitarte a almorzar, pero veo que te has adelantado como todo el tiempo. - Me da un poco de hambre y no lo pienso dos veces para comer - confesé dejando a un lado la bandeja y dándole un sorbo al refresco. - Bueno, un día de estos vendré antes de que el hambre te ataque. Ya verás. - dijo seguro. - Eso veremos - le devolví la mirada desafiante, cosa que nos hizo reír a ambos y Enrique se alejó un poco hasta la puerta del ascensor. - El señor Orlando vendrá el viernes. Quiere que le hagas el trabajo de contratar una asistente. Esta semana estamos llenos y no podemos darnos el lujo de perder personal. Te encargaras de eso y hazlo rápido, supongo que ya lo hablo con Vecna para que no tengas problemas en ocuparte de ello unas horas. - Susurró el apodo que le tenían a Eduardo y me contuve de no carcajearme. Le decían así por su cara de mal humorado. Y también por estar como si siempre odiara a todos. - Seguro que lo hizo. Intentare adelantar algo de trabajo cuando este libre y conseguiré las postuladas antes del viernes. Enrique asintió y salió de la oficina subiéndose al ascensor. Dejándome sola en mi cubículo junto a la oficina de Eduardo. Esa que tenía vidrios polarizados, y no se escuchaba ni un ruido mientras la puerta estuviese cerrada. Tome todos los papeles que necesitaba, di un sorbo más al vaso con coca- cola, y me encamine al ascensor. Iría a mi hora de descanso a leer los informes y hacer varias a notaciones para entregárselos antes de que se fuera al gimnasio. Las puertas del ascensor se abrieron dejándome en el primer piso. Donde salude a varias de mis compañeras y algunos vigilantes. Una mujer atravesó las puertas de la entrada. Atrayendo muchas miradas. Se abrió paso al ascensor. Ese que abordo sin rodeos dejándonos a todos con la boca abierta desapareciendo ¿Quién era ella? ¿A dónde iba? - ¿A dónde vas? - El guardia de la recepción me pregunto, cuando recogía mi abrigo del esquinero. Poniéndomelo por encima de la cabeza y cubriendo mi cuerpo enfundado en una falda negra de tubo y largas piernas con zapatos medianamente altos. - Iré a la hora de recreación. Ya sabe, pensar y trabajar mejor. - le mostré los papeles en mi mano y atravesé el camino hasta las puertas. Cuando salí, de inmediato el frio clima me dio de lleno en la cara. Congelando varios músculos de mi rostro. Tuve que correr hasta resguardarme en un establecimiento de cafés junto a la empresa. - Hoy no habrá buen clima...- susurre dejando caer mis brazos a los lados algo derrotada. Esperaba que el jefe no pidiera nada a esta hora, porque con este clima solo podía agarrar rápidamente un resfriado. La empresa Polls General Advertising Agency. Donde cualquier publicidad de tus sueños puede ser creada. Eduardo es el diseñador principal, siempre está creando excelentes diseños y todos sabemos que nadie es mejor que él, por algo sus padres se fueron dándole la empresa en sus manos. Sabían lo bien que él iba a trabajar. Y esta empresa salió más a flote gracias a él y los perfectos tratados que ha hecho. Camino envuelta en el abrigo de pelos, a paso apresurado intentando llegar hasta la biblioteca que queda a unas tres cuadras lejos de la empresa. Pongo el cronometro de una hora en el reloj y dejo que empiece el conteo. Cuando sea la hora, debo regresar. Al llegar, no tardo en observar las pocas personas que hay en la biblioteca, el clima impedía a muchos venir, pero yo no perdía tiempo para ojear algunos libros; Y quizá conseguir una buena idea para alguna publicidad. Me senté en la segunda mesa frente al gran ventanal que mostraba cómo caía la nieve sobre el suelo y las calles, cubriendo gran parte impidiéndole el paso algunos autos. El primer papel estaba sobre los otros, primero haría todo lo de la oficina y después hojearía los libros. "Contrato de publicidad a la empresa de Rick Borge." Mire lo demás y tome las anotaciones más importantes. El teléfono sonó y creí que era por la alarma. Lo tomé rápidamente entre los dedos al igual que los papeles, y me levanté de inmediato, mirando la pantalla del celular mientras caminaba a la salida para echarme a andar hacia la empresa. Para mí sorpresa, era una llamada de Eduardo. No tarde en contestar oprimiendo el botón verde para atender a su llamada. - Señorita Ada. - su voz audible se escuchó de inmediato, en el otro lado de la bocina. Algo malo había sucedido y eso era seguro. - Habla ella, ¿Qué ocurre? - pregunté temerosa. Sintiendo como cada fibra de mi cuerpo temblaba, a medida que me alejaba de la biblioteca con camino a la empresa. ¿Por qué motivo estaba llamándome? - Necesito que venga conmigo para hacer unas cosas. ¿Puede? - preguntó. Mi corazón aleteo en todas las direcciones posibles. Estremeciendo los pedazos dentro de mí. Sin entender que ocurría exactamente, pude escuchar cómo mi boca pronunció un corto sí. Y seguidamente indiqué mi dirección. Cosa que él no tardó en escuchar finalizando la llamada y llegando en menos de nada. Jamás nos habíamos visto más que en las paredes de la empresa. Aparte de que hoy solo recibí un regaño de su parte. ¿Qué le pasa? Estaba olvidando lo mucho que detestaba tenerme a su lado, o eso era lo que yo notaba alenguas. A través de esos costosos trajes y cualquier cosa que llevara consigo. Demostrándome toda la imponencia y superioridad que tenía hacia mí. Bajó del auto sin ninguna prisa. - Señorita Ada, ¿me acompaña? - abrió la puerta de atrás y me hizo un ademán para que entrara en el auto. TCerró la puerta dejándome dentro y sentí como si una piedra cayera en mi estómago cuando de reojo vi ese abrigo en el asiento de al lado. Y no tardé en mirar hacia el frente, encontrando a la sexy mujer de caminar sensual, postrada en el asiento del copiloto. Su figura se giró hacia mi puesto. - Me llamo Mónica, soy la tía de Eduardo. Hermana de Francisco Polls. - dejó en claro extendiendo parte de su palma para apretar la mía. Una enorme confusión me atrapo. Se veía muy joven. Y hasta podría dudar si la información que me daba era real. Estaba ahora sí, en shock. - Ho-hola - pronuncié regalándole una sonrisa nerviosa mientras me soltaba la mano y se enderezaba en su asiento luego de darme un asentimiento con su cabeza. Estaba convencida de lo perfecta que era esta mujer, destilando sensualidad y elegancia en todos los aspectos. Eduardo subió al auto, para empezar a manejar con dirección contraria por donde ambos vinimos. - ¿A dónde vamos? - pregunte sin pensarlo, las ganas de saber a dónde iba todo esto me carcomían. No fui con muchos rodeos y en mi tono de voz lo demostraba No podía estar un segundo más adentro del auto sin saber lo que estaba ocurriendo realmente.
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