IX

1065 Words
- ¿Qué fue de Jamie? - sabía que era una pregunta dura, pero tenía que saberlo. Arturo se llevó la mano al cabello, con un gesto nervioso. - Una noche, se había quedado algo más tarde de lo normal. Nadie sabe por qué. Todos se habían ido a casa, pero él se quedó… Alguien ingresó al bar. Suponemos que fue un intento de robo. Cuando Jamie lo sorprendió, el ladrón lo atacó. Murió de inmediato - - ¡Oh, cielos! - exclamó sin poder contenerse - Lo siento - - Cuando Sean me llamó para contarme lo sucedido - tomó un poco de aire - Lloré. Lo lloré por mucho tiempo, Gustavo - lo miró fijamente, su tono lleno de dolor por el recuerdo - Jamás he llorado tanto por una persona - - Es natural, por supuesto. Era alguien muy importante para ti, a pesar de que ya no estaban juntos. Fue tu mejor amigo, ante todo - miró sus manos y decidió dejar de luchar con sus impulsos. Cubrió la mano de Arturo y la estrechó con un gesto cálido. Arturo observó sus manos y con un movimiento suave, entrelazó sus dedos. Gustavo no retiró la mano y algo de alivio asomó en el rostro del hombre. - Lo siento - dijo tratando de sonreír - No era esto lo que tenía en mente cuando te invité a pasar el fin de semana - - Está bien. Te agradezco que me compartieras algo tan personal - - Bien - se irguió y tomó algo de aire - Suficiente drama de mi parte. ¿Qué hay de ti, de tu vida? - - ¡Oh, bueno! Yo no tengo nada que contar. Mi vida ha sido muy simple y aburrida - La verdad, no podía concentrarse. Siquiera recordar lo que había hecho el día anterior. Solo podía pensar en la agradable sensación de la mano de Arturo con la suya. - ¡Oh, vamos! Acabo de confiarte el capítulo más oscuro de mi vida, debes darme algo a cambio, Gustavo - algo de ánimo había vuelto a su voz. - Lo digo en serio. ¿Qué puedo decir? Creí en una familia muy sencilla, nunca tuvimos mucha solvencia económica, aunque nunca me faltó nada. Mi madre era maestra. Mi padre desapareció un buen día, cuando yo tenía tres años. Al principio mi madre me contaba esta historia de que él se había ido a Estados Unidos a trabajar para enviarnos dinero, pero el dinero nunca llegó y él nunca volvió. No sé si era verdad. Cuando crecí llegué a la conclusión que posiblemente era mentira, que ella ocultaba la verdadera razón por la que mi padre nos abandonó. Crecí con mi abuela y un tío que vivían con nosotros. No puedo quejarme… A pesar de todo, tuve una buena vida. Crecí rodeado de mucho amor. A veces un poco duro, ya sabes. Mi familia quería que yo tuviera una vida diferente, querían que fuera un buen estudiante, que llegara a la universidad y tuviera una carrera. Y lo hice. Traté de complacer a mi madre en todos sus sueños - - ¿Y qué hay de los tuyos? - dijo Arturo en voz baja. - Eran los mismos… en esencia, ¿no? Es lo que todos queremos: una buena educación, desarrollar una carrera, mejorar su posición económica… - Entonces… has alcanzado todo lo que soñaste - dijo Arturo - Eres una persona feliz - - No me quejo. He sido una persona afortunada. Amo mi carrera, disfruto de mi trabajo y soy bueno en él - - Sin duda alguna - asintió Arturo, su tono sincero - Eres un hombre muy inteligente, tienes una mente ágil y por lo que he escuchado de los otros, todos te admiran y te respetan mucho - Gustavo no recordaba la última vez que se había ruborizado, pero estaba seguro que en ese momento su rostro ardía. - Gracias… es decir, no quiero sonar presuntuoso… - No lo eres. No hay nada de malo en reconocer lo capaz que eres. No estarías donde estás si no fuera así - - Bueno, tú también eres un hombre brillante - - No, no en realidad - - Lo eres - y reforzó sus palabras estrechando su mano con un gesto firme - Escuché tu exposición. Lo que hiciste en todos estos meses… La forma en que estás preparando las auditorías de las subsidiarias en condiciones tan diferentes… - Gracias, eres muy amable, pero como te dije, me apasiona mi trabajo - - Admiro eso en un hombre - asintió Gustavo. Por un momento se quedaron callados, mirándose a los ojos. Nadie a su alrededor parecía notar lo que sucedía o al menos no les importaba. A Gustavo tampoco le importaba. No sabía a dónde le llevaría esa conversación o esa noche, pero quería averiguarlo. - Quizás… debamos volver a la casa - dijo Arturo, rehaciéndose. - Si eso quieres - - Solo me despediré de Seamus - Casi con pesar, dejó ir su mano y acabó su cerveza, mientras Arturo intercambiaba unas palabras con el hombre. Tomó las bolsas con las compras y aguardó por Arturo en la entrada del bar. - ¡Vuelvan pronto! - exclamó Seamus desde la barra y Gustavo hizo un gesto de despedida. Era aún temprano, no más de las siete de la noche y en la calle principal había gran animación. Ellos caminaban en silencio, uno al lado del otro y ocasionalmente sus manos se rozaban. Dejó que Arturo pasara primero e iluminara la casa. Pasaron a la cocina y desempacaron las compras. - Puedes dejar eso en la refrigeradora - dijo Arturo mientras colocaba el resto en la alacena. En cuanto acabaron, se hizo un silencio algo incómodo. - ¿Tienes hambre? - dijo Arturo moviéndose inquieto. - No - respondió Gustavo. - Bien… puedes disponer de la casa a tu gusto. Si quieres ver televisión o leer… - Gracias - - Y mañana… - no acabó la frase. Gustavo había cruzado la distancia que los separaba y antes que pudiera pensar dos veces lo que hacía, tomó a Arturo por la nuca y lo besó. El hombre no pudo evitar paralizarse por la sorpresa, pero Gustavo oprimió sus labios con más firmeza, mientras su cuerpo lo empujaba contra la encimera. Finalmente, Arturo cedió y entreabrió sus labios, dejándolo explorar su boca.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD