Cam yacía en su cama, inmovilizada por una pesada tristeza que la aprisionaba. Sabía que debía ponerse en marcha para preparar la mudanza que se avecinaba, pero la falta de energía la mantenía postrada. Su mente estaba llena de pensamientos y su corazón parecía aplastado por una garra invisible, que la hacía sentirse miserable y triste. A pesar de que aún faltaban unos días para que llegara el camión de mudanza, ya había tramitado todos los permisos necesarios para poder ir al complejo fuera de los Estados Unidos donde vivirían Eve, la abuela y ella, sin embargo y pese a la ilusión que se suponía eso debía traerle aparejado, no podía sentir más que una especie de desgarro en el alma que la partía en pedazos. El teléfono que John le había dado seguía en el club, y la despedida con Sergei h

