Prólogo. La Resistencia Humana

1001 Words
Mientras los tiros volaban, Rita, una humana de mediana edad tomó al pequeño y a la niña en sus brazos y se escondió en un pequeño arcón donde rezó para que no los encontraran. La pequeña por alguna clase de anomalía tenía un olor que no podía ser detectado por los changers, pero Rita sudaba miedo… y el niño, como si supiera, sollozaba en silencio. Mientras la niña se tapaba los oídos, pero no lloraba abiertamente, aunque sus ojos se veían enormes y brillantes en su redonda cara. Camelia, o Cam como todos le decían siempre había tenido una inteligencia superior para su edad y siempre supo que eso terminaría mal. Hecha un bollito con los niños, con miedo siquiera a susurrar, Rita besó la cabeza de la niña. Antes de esconderse allí su nuera le había dicho. — Por favor Rita, júrame que los protegerás con tu vida — tenía un tiro en el hombro y sangraba, y su hijo y esposo de la muchacha, había lanzado una granada en la puerta del apartamento que las había ensordecido. De hecho hacía horas estaban tirándose con sus armas, su hijo y su nuera resistiendo, disparando. Moira había abrazado fuerte a sus hijos y besado la cabeza de ambos. — No mamá, por favor no — había suplicado Cam con los ojos llenos de lágrimas. Moira había agarrado los bracitos regordetes de su hija, y la había mirado fijo. — ESCÚCHAME, ESCÚCHAME BIEN CAM, ESTO LO HAGO… POR TODOS NOSOTROS…POR TI, POR CASEY Y HASTA POR TUS HIJOS… ALGÚN DÍA LO ENTENDERÁS PEQUEÑA, AHORA POR FAVOR NO DISCUTAS Y ESCÓNDETE CON LA ABUELA Y RECUERDA, TÚ ERES MEJOR QUE ELLOS QUE NADIE TE DIGA LO CONTRARIO, ¿ME ENTIENDES? ASIENTE CON LA CABEZA SI ENTIENDES LO QUE TE DIGO…— la joven mujer humana hablaba con tono duro, pero tenía los ojos llenos de lágrimas no derramadas — . Repite conmigo lo que te digo siempre… — Soy linda soy buena, y soy mucho más inteligente que cualquiera…— dijo la niña recitando las palabras que se sabía de memoria. Moira asintió con la cabeza satisfecha, aunque las lágrimas se deslizaron por sus mejillas no tan regordetas como las de su hija. — TÚ, ERES EL FUTURO HIJA, Y VAS A LLEGAR LEJOS… NO PERMITAS NUNCA QUE NADA NI NADIE TE DETENGA ¿OK? Y NO OLVIDES LO MUCHO QUE TE AMO...AMAMOS… — dijo Moira y se le quebró la voz sabiendo que su marido no podría haber sobrevivido a la detonación de la granada. Derrotada, Cam asintió con su cabeza, y se dejó abrazar por su madre oliendo su aroma a rosas y pólvora por última vez en su vida. Luego de eso, Moira le había ordenado a Rita que fuera a la habitación de junto, sin mirar atrás, y su abuela había puesto a cada uno de ellos sobre sus hombros. Pero Cam había levantado un poco su cabecita, llegó a ver como su madre seguía disparando hasta ser abatida por otra bala, y luego llevó su propia arma hasta su sien y disparó, ella era muy joven para entender pero Moira lo hizo para resguardar los secretos de la Resistencia, antes de que los soldados la apresaran. Un joven Thomas estaba revisando el pequeño apartamento, había esquivado el cuerpo de la pequeña humana cuyos sesos estaban esparcidos por la pared y el piso conteniendo sus náuseas. Todavía no se acostumbraba del todo a eso…Y el olor también era repugnante, aunque por debajo del olor metálico de la sangre había un leve aroma a rosas, de la mujer supuso él. El joven soldado requisó la habitación pequeña, atravesando primero la puerta, y por alguna razón una especie de arcón antiguo llamó su atención, aunque se lo veía cerrado herméticamente y el aroma no era profundo sino muy leve, podía sentirlo, así como escuchar con su oído agudo unos sonidos parecidos a latidos. Abrió la tapa sin dejar de apuntar con su costosa y moderna arma. Una mujer mayor lo miró aterrorizada, tenía a un pequeño de quizá tres o cuatro años en su hombro donde aplacaba su llanto. Y luego una niña de unos diez años tal vez, volteó su rostro y lo miró, su mirada era plana, aunque sus ojos estaban llenos de lágrimas… Él había visto esa clase de mirada en miembros del Comando pequeños como ella, él mismo fue uno de ellos hacía muchos años. La pequeña, incluso en esa situación levantó su barbilla con desafío y lo miró con un odio nada contenido. Las reglas decían que él debía delatar su escondite… él seguía muchas órdenes, incluso aquellas con las que no estaba de acuerdo… pero hubo algo en la pequeña, que le hizo recordar a sí mismo, ese ímpetu apenas contenido, una clase de poder interno que no podría definir, pero que lo hacía saber que esa niña no importaba lo que pasara iba a levantar la cabeza y seguir adelante. — Thomas, ¿has encontrado algo? — era uno de los comandantes de esa misión quién le estaba preguntando, los demás estaban en el salón principal. El soldado cerró la tapa sin decir nada, y con rapidez dio vuelta la habitación, para cuando su comandante se asomó en la puerta. — ¿Y? — le preguntó de mala manera. — No nada, no encontré nada…— contestó parándose con disimulo frente al arcón rezando para que no lo mirara. El changer mayor lo observó alzando una de sus cejas, pero no dijo nada. — Entonces ven a ayudarnos en vez de estar parado ahí como un maldito idiota muchacho… — le gruñó y él agradeció por dentro…pues nada en él había delatado a la mujer y a los niños. Luego pensó que quizá el día de mañana la niña convertida en adulta formaría parte de la Resistencia Humana como sus padres, pero honestamente él prefería enfrentarla de adulta y en una batalla que ser el responsable de la muerte de esa pequeña niña humana.
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