—Dios, Caelan… más —su voz tembló entre deseo y súplica. Con un movimiento rápido la bajó de la encimera, girándola hasta que su pecho chocó con la superficie fría. Jenna gimió, el frío rozándole los pezones y endureciéndolos al instante mientras él la sostenía por la cintura con firmeza. Entonces se hundió en ella de un solo golpe. —Carajo —soltó, mientras sentía la presión de su v****a en su pene. Era una sensación que no podía describir, el coño de Jenna lo apretaba fuerte. Y él se veía cada vez más sumergido en la necesidad de marcarla, de tenerla. Caelan se movía con fuerza, con un ritmo duro y constante que le robaba el aire de los pulmones. Cada embestida era más profunda, más demandante, como si intentara marcarla desde adentro. Jenna no podía contener los gemidos que escapab

