Pantera se corrió en su boca, su semen estalló en su lengua y ella lo bebió, lo bebió todo como se bebe un elixir sagrado. Era espeso, caliente y con un sabor delicioso a mantequilla. Evanya dejó que se derramara en su garganta y se sintió poderosa. Ser quien lo hacía gemir, ser quien provocara su descontrol la hizo sentirse hermosa, poderosa y él estaba orgulloso de ello. —Ven aquí —dijo con la voz modulada y ronca. Evanya tomó su mano al tiempo que con la lengua recolectaba los restos de semen en sus labios. —Me gusta —se atrevió a decir. Y vio una sonrisa en Pantera la hizo tragar grueso. Porque era una sonrisa que había visto antes, y aunque su mente comenzó a divagar por un segundo, se concentró en el hombre que acababa de correrse en sus labios. Sin tomarse el tiempo de acomoda

