Su respiración era irregular, rápida, y mientras se inclinaba para limpiar mejor, el calor en su pecho y el temblor en sus manos le recordaban cada instante que habían compartido en la mesa. La sensación era intensa, abrumadora, y a cada momento sentía cómo el alcohol la hacía más vulnerable, más consciente de la atracción que no podía controlar. Tomó más papel y, mientras lo hacía, se detuvo un instante a observar su reflejo en el espejo. Ahí estaba ella, vulnerable, expuesta, consciente de su sensualidad por primera vez sin sentirse incómoda. La risa escapó nuevamente, esta vez más baja, cargada de una mezcla de vergüenza y excitación. Sabía que Azran la deseaba, cada vez era más evidente, que incluso sin estar frente a él, podía sentirlo como un calor que recorría su piel, como un hilo

