El baño se volvió pequeño, demasiado pequeño para contenerlos. Azran no le dio tiempo a pensar. La tomó del rostro con las manos grandes, ásperas, y la besó como si le hubiera pertenecido desde siempre. Su boca la devoró sin aviso, con ansia, con rabia cruda. El sabor a cerveza y deseo se mezcló en el aire, espeso, cargado de algo que ardía bajo la piel de ambos. Evanya se aferró a su camisa, tirando de él con desesperación, sabiendo que no había marcha atrás. La lengua de Azran invadió su boca con fuerza, con el mismo ritmo que ella conocía, el mismo que había sentido incontables veces detrás de esa maldita máscara de felino. No había duda. Era él. Era Pantera. Su pecho se apretó, latiendo con un golpe seco cuando las manos de Azran bajaron y se cerraron sobre sus pechos, por encima de

