El corazón le latía tan fuerte que podía sentirlo en el cuello, en las sienes. El sabor de él todavía estaba en su boca. El roce áspero de sus dedos seguía impreso en su piel. Lo había besado. Lo había dejado tocarla. Se había corrido en su mano como si no existiera nadie más en el mundo. Y lo peor… es que aunque ella supiera que era Pantera, no podía comprobar aún que era él. Se apartó de la puerta con pasos inseguros, las piernas débiles, como si todavía le temblaran del orgasmo. Caminó hasta el sofá, pero no se sentó. El aire se sentía espeso, cargado, como si todavía oliera a él, a ese perfume caro mezclado con el sudor y el sexo que la habían vuelto loca. No entendía nada. —Joder… —murmuró, llevándose una mano al cabello, tirando de los mechones húmedos. Un sonido la hizo girar. S

