Esa misma mañana El humo del cigarro de Justin se elevaba en el aire mientras caminaba por las calles de Brooklyn. Llevaba un pantalón n***o, una chaqueta negra gastada y la misma sonrisa de siempre, esa que escondía sus deudas, sus huidas y la mierda en la que vivía. Tenía un celular viejo en el bolsillo y marcó un número. —John —dijo cuando contestaron. El encargado de la casa de apuestas exhaló una carcajada corta al reconocerlo. —Mira quién se acuerda de llamar —respondió. Pensando que los muertos comenzaban a revivir. —Tengo el dinero para pagarle a ese tipo —dijo Justin sin rodeos. Aún recordaba la intensa mirada del hombre que había comprado su deuda. Azran Ward o lo que es lo mismo, Pantera. Al otro lado del teléfono hubo un silencio breve, seguido de un suspiro de fastidio

