Justin apretó los puños, con la rabia golpeándole el pecho. Salió del apartamento con pasos pesados, y una maldita desesperación creciendo bajo su piel. No podía ser cierto. No era posible. ¿Dónde mierda vivía ahora? El siguiente destino fue el Amanecer, el diario donde estaba seguro de que ella aún trabajaba. Como siempre, el de seguridad estaba en la entrada, sentado tras el escritorio, mirando a todos con cara aburrida. —Busco a Evanya Brixton —dijo Justin, apoyando las manos en el mostrador de la caseta de vigilancia. El guardia lo miró sin interés. —No puedo darte información de los trabajadores —bramó con simpleza, esperando que Justin se fuera para continuar leyendo la revista entre sus manos. Justin se mostró más ansioso, tenía que hablar con ella, saber que carajos había pa

