Sus manos se cerraron con fuerza en sus caderas, la sostuvo contra él mientras la penetraba más rápido, más fuerte, hundiéndose una y otra vez. Evanya gritaba su nombre, arqueando la espalda, las piernas abiertas de par en par, el cuerpo rendido al suyo. El orgasmo la golpeó sin aviso. Sus paredes lo apretaron con convulsiones, lo envolvieron, lo atraparon más fuerte que nunca. Azran sintió cómo palpitaba dentro de ella, cómo cada espasmo lo estrujaba con violencia deliciosa. —Eso es… córrete para mí, cielo… —gruñó, con el rostro enterrado en su cuello. El calor lo desbordó. Las embestidas se volvieron más rápidas, más profundas, hasta que no pudo más. Azran gruñó fuerte, un sonido gutural que resonó en la habitación, y estalló dentro de ella. Su semen la llenó en oleadas calientes, der

