La puerta se cerró tras ella con un golpe sordo, como si también estuviera cansada. El sonido resonó en el departamento silencioso, y por un segundo, Evanya no supo si quería llorar o simplemente dejarse caer ahí mismo, sobre la alfombra polvorienta del recibidor. Estaba cansada. Aunque ese cansancio una vez más no era por trabajo, pues Pantera le había permitido marcharse. Era ese tipo de cansancio emocional, que se obtiene luego de años de años en una relación que cada vez se marchita mucho más. Se dirigió directo al baño, sin quitarse siquiera los zapatos. Se colocó frente a aquel espejo que estaba quebrado, ese que día con día parecía mostrarle la realidad de su vida. Una grieta larga que cortaba su reflejo por la mitad, como si también ella estuviera partida en dos. Y ahí, en el r

