—Me vuelves loco —siseó con la voz ronca. Sus palabras eran jadeos. Y sin quitarle la ropa, la alzó, la sentó sobre la encimera. Ella desabrochó su cinturón, tiró del cierre y liberó su pene. Lo deseaba, ansiaba sentirlo. Justin se hundió en ella de un solo empuje, brutal, profundo. Ella gritó su nombre, se arqueó hacia él, y sus cuerpos comenzaron a chocar con fuerza rítmica. Él gemía contra su oído, la agarraba fuerte de la cintura mientras el olor del café recién hecho llenaba la habitación. —Te amo… —murmuró él al final, cuando la tomó por completo, cuando sus cuerpos se estremecieron al unísono. Y ella sonrió. Sonrió de verdad. *** Entonces, el pitido suave de la cafetera los interrumpió. El café estaba listo. Evanya parpadeó. El aroma del café la rodeaba, otra vez. Pero ya

