Un par de horas atrás Evanya se miró una vez más en el espejo que también había comprado. El vestido rojo se adhería a su figura, haciendola lucir sensual. Sin tirantes, de escote corazón profundo, el tejido satinado abrazaba cada curva suya con una precisión indecente, subrayando la sensualidad de sus caderas, el talle ceñido y la redondez de sus pechos. El escote... oh, ese escote. Nunca había usado algo así. Jamás se había atrevido. Su reflejo le devolvía una imagen ajena. Y eso era exactamente lo que quería. No deseaba sentirse como Evanya esta noche. No quería ser la mujer que vivía con miedo, que dormía en un apartamento que olía a tristeza, que contaba los centavos cada semana. No quería cargar la tristeza de los últimos cinco años, ni la vergüenza de la noche anterior, ni el a

