Cuando su boca descendió hasta el centro. Su lengua tocó su clítoris con un movimiento lento y húmedo. Jenna jadeó, con la espalda arqueándose, el cuerpo entero encendiéndose con una descarga de placer pura. Porque ya no había vuelta atrás, aquello a lo que se había negado durante meses, estaba ocurriendo. Caelan comenzó a lamer con ritmo lento, preciso, devastador. Cada caricia de su lengua era una jodida embestida de deseo. Jenna se retorcía, perdida en ese ritmo y sus manos bajaron hasta aferrarse a su cabello medio largo. No había mundo fuera de esa cama. Solo estaba su boca, sus labios, su lengua. —Caelan… —jadeó ella, apenas un susurro tembloroso, suplicante. Él respondió con más intensidad, succionando su clítoris, chupándolo cual caramelo, torturándola con caricias suaves y dev

