Primero el saco. Luego la camisa. El crujido de la tela al deslizarse por sus brazos. El leve roce de los botones al rozar el suelo. Evanya estaba nerviosa. Excitada. Asustada. Sus sentidos estaban alertas como nunca. Y entonces lo sintió subir sobre ella. Su cuerpo era un peso cálido y firme que la cubría por completo, aplastándola con su sola presencia. El aliento de Azran rozó su mejilla. Evanya, por instinto, llevó una mano a su rostro. Quería tocarlo. Saber si era real. Pero Pantera la detuvo. Tomó su muñeca con firmeza, sin lastimarla, y guio su mano hacia su torso desnudo. La colocó sobre sus músculos marcados, sobre esa piel caliente y suave como mármol al fuego. Evanya jadeó. Su mano recorrió su pecho, su abdomen. Esa maldita “V” marcada sobre su cadera. Sintió su fuerz

