El lunes no era día de trabajo para Caelan. Nunca lo había sido. Pero eso no le impedía cruzar las puertas de la mansión. No como jefe de personal, sino como cliente. Y no cualquier cliente: uno de los que podían pedir lo que quisieran y recibirlo sin preguntas. Se sentó en la barra, en el extremo más apartado, donde la luz caía suave y las sombras parecían protegerlo de las miradas curiosas. Tenía un vaso de whisky caro entre los dedos, y sus ojos, oscuros y tranquilos, escaneaban ese salón por el que tantas veces había caminado. Zoran, lo observaba con una media sonrisa. Mientras descansaba un poco. —No trabajas hoy… pero aquí estás —comentó, sirviendo otra copa sin que Caelan se lo pidiera. —Es porque hoy no vengo a trabajar —dijo él, sin apartar la vista de su objetivo—. Vengo a e

