Evanya lo observó y, para su propia sorpresa, sonrió. Era como si, de alguna forma, le gustara escuchar eso. Tal vez porque en su sinceridad había una intensidad que nadie más le ofrecía. O porque en el fondo de su ser una chispa se avivaba al escuchar que no había una mujer importante en su vida. Ella fue quien decidió cambiar el tema, bajando la vista hacia su plato. —¿Recuerda que le dije que saldría a las cuatro? —Azran asintió con un gesto leve—. Es que… tengo que ir al médico. Los ojos de él brillaron de inmediato. No necesitaba que ella le explicara más: sabía perfectamente a qué iría. Como Pantera, le había pedido que se cuidara para no tener que usar condón. Y esa cita, sin duda, era para eso. Sintió como su cuerpo de pronto comenzaba a calentarse, el solo pensar que podría te

