Se detuvo frente a la puerta negra. Respiró hondo, intentando calmar el temblor leve en sus manos. Entonces abrió la puerta y entró. Pantera estaba sentado tras su escritorio, inclinado sobre unos papeles, la máscara cubriéndole el rostro por completo. La penumbra de la oficina rota solo por una lámpara de luz baja, le daba un aire aún más intimidante. Cuando levantó la mirada y la vio, su reacción fue un destello fugaz que solo ella, con la atención puesta en él, pudo percibir. Sorpresa… pero una muy grata sorpresa. Se puso de pie, lento, seguro, con el pecho hinchado de orgullo al saber que ella había ido hasta él por voluntad propia. —Es un honor tenerte frente a mí —dijo, su voz grave, robótica y profunda como siempre, pero con un matiz que rozaba la fascinación. No hubo besos de

