Cruzó el umbral y caminó hasta el auto. El chofer de Azran salió inmediatamente, tomó su maleta y la guardó en el maletero. Ella abrió la puerta trasera y subió. Azran estaba ahí, impecable, con esa presencia que llenaba el espacio antes incluso de hablar. Sus ojos se alzaron hacia ella, y Evanya sintió el impulso de encogerse en el asiento, aunque no lo hizo. Se acomodó a su lado, y el coche arrancó, deslizándose en la noche. No había música. Solo el murmullo del motor y el latido acelerado que Evanya intentaba disimular. El auto avanzaba en silencio por la avenida iluminada, y Evanya no podía ignorar la forma en que Azran, sentado a su lado, revisaba algo en su celular con absoluta concentración. Ella entrelazó los dedos sobre su regazo, luchando contra la incomodidad de no saber a d

