La guio hacia un restaurante dentro del mismo hotel, aunque apartado de las zonas más transitadas. La iluminación era tenue, la música, apenas un murmullo. Se sentaron frente a frente, con una mesa de madera oscura entre ellos. Un camarero dejó las cartas y se retiró con discreción. Pidieron vino. Cuando las copas llegaron, Azran no apartó los ojos de ella mientras bebía el primer sorbo. Esa mirada… era como si estuviera cautivado por cada microgesto, cada latido que aceleraba bajo su piel. Evanya, intentando mantener la compostura, bebió también. Pensando en su mirada, en lo hermosos que eran sus ojos. El movimiento de Azran cuando tomó nuevamente la copa hizo que la distancia se redujera peligrosamente. Su rostro quedó apenas a unos centímetros del suyo; el reflejo del vino en sus la

