—Desnúdate —ordenó él, sin titubeos—. Quiero ver tu cuerpo. Una punzada de vergüenza le cruzó el estómago, pero las manos comenzaron a moverse. El camisón cayó primero, deslizándose por su piel. Luego la ropa interior. Se quedó completamente desnuda, sintiendo el aire frío del cuarto y el calor creciente bajo su piel. —Tócate los pechos para mí —dijo Pantera, y ella obedeció, sentándose frente a la cámara. Sus manos recorrieron su piel, rozando los pezones hasta que la respiración se le hizo más corta. —Separa las piernas —continuó él. Evanya lo hizo, con el corazón retumbando en sus oídos. Quedando abierta para él. Su pecho subía y bajaba porque desde la cámara él podía ver su flor completa. Su coño estaba humedecido y resbaloso, Pantera podía ver su v****a brillante. —Ahora tócate.

