Se miró en el reflejo del cristal una última vez. El conjunto se le vería bien. Lo sabía. Pero no era el momento. —En otra ocasión será —murmuró para sí misma, como si necesitara oírse decirlo para aceptarlo. Se apartó con cuidado, cruzó la calle y abordó un taxi con rapidez. Dio la dirección de la Mansión, sin pensarlo mucho, no llevaba ni un mes trabajando en ese sitio, pero parecía que llevaba yendo toda la vida. No obstante su pulso aún se aceleraba con solo mencionarlo. Al llegar, las puertas altas de la Mansión la recibieron con su habitual presencia imponente. La fachada no era llamativa, pero había algo en ella que hacía que todos bajaran la voz al pasar cerca. Como una especie de reverencia no declarada. Evanya caminó hacia la entrada. El interior era más oscuro que el día afu

