Por la mañana Evanya salió de casa más temprano de lo habitual. Apenas si había cruzado palabra con Justin, quien ya se había duchado y vestía la camisa azul que usaba cuando quería parecer más profesional de lo que en verdad era. Ella solo alcanzó a desearle un buen día con la voz apagada, mientras el café comenzaba a burbujear en la pequeña cafetera de su cocina. No había dormido bien. Su cuerpo había descansado, sí, pero su mente no. Se había revolcado durante horas bajo las sábanas, entre pensamientos confusos. La imagen de Pantera seguía clavada detrás de sus párpados. No era solo su máscara, ni su voz robótica, ni el tono de mando que cargaba cada palabra. Era algo más. Algo que se le había metido bajo la piel. Y lo peor de todo era que no sabía por qué. Ahora, sentada en el rincón

