—Buenas noches —murmuró ella, su voz suave, aún con una pizca de nerviosismo. Pantera asintió. Nada más. La miró por unos segundos que parecieron mucho más largos y finalmente habló. —Sírveme un whisky —ordenó en su tono bajo, con aquella voz modificada. Ella caminó hasta el mueble de los licores, y mientras buscaba entre las botellas, su voz se alzó apenas, como si hablara más consigo misma que con él. —Gracias… — Él no respondió enseguida. La miró. Cómo se alzaba levemente para alcanzar la botella. Cómo la tela se pegaba a la curva de su trasero, elegante, sí, pero sensual. El vestido no mostraba mucha piel, pero sugería demasiado. Y lo sugerido siempre excitaba más que lo evidente. —¿Por qué? —preguntó finalmente. Evanya giró apenas el rostro, ladeando la cabeza para mirarlo por

