CAPITULO 9:

1851 Words
¿Cuánto es capaz de resistir una persona antes de romperse y sucumbir al caos que rige a su alrededor? Existe una peligrosa y muy delicada línea que separa la lucha de la atroz derrota, Daphne Moon se encontraba de pie sobre esta, luchando contra el caos anteponiendo su voluntad de hierro. Sin embargo, hasta el más firme de los metales es capaz de doblegarse ante las caóticas llamas del fuego. Cuando finalmente sus ojos color noche volvieron a abrirse, todo a su alrededor era diferente, ya no se encontraba en el vasto campo, tampoco en la habitación de torturas de Erick. Sin embargo el nauseabundo aroma del tabaco mezclado con el moho, seguía presente. Daphne no había sido trasladada a otra casa, solo a una nueva habitación. Un cuarto. Atada a una cama de dos cuerpos, forcejeó para liberarse de las ataduras que sujetaban sus muñecas; pero el investigador había ajustado con fuerza los nudos, impidiendo cualquier tipo de movimiento. «Tranquilízate, mantén la mente fría y busca una salida. Siempre la hay»  Se dijo la hermosa mujer, al tiempo que serenaba su respiración y buscaba con la mirada por la habitación. Sin embargo, producto del sonido de su intento de escape, los pasos del investigador no tardaron en aproximarse a la habitación, y mucho menos en entrar. El hombre estaba desnudo de cintura para arriba, expendiendo su firme abdomen repleto de cicatrices. Su rostro, mal herido por el brutal golpe de la mujer, está contraído por la ira y una clara promesa de violencia. —Escapaste—escupió con asco y recelo el captor. —Me quiero ir—suplicó ella, en un intento por ablandar el alma del hombre. Pero sus palabras jugaron en su contra. Erick Sowler, acortó la distancia con pasos funestos y arrojándose a la cama, sobre ella, tomó su exquisito rostro entre sus manos, obligándola a mirarlo. —No te irás. Hasta que no me ames, no te soltaré—.gruñó en un tono tan bajo y frío que erizó su piel—Entiendelo Daphne, ahora eres mía. Fue en aquel momento que la atractiva mujer lo supo, Erick no la mataría, solo rompería cada parte de su ser hasta que no quedará nada de ella, drenaría toda su fuerza de voluntad para finalmente convertirla en un títere. Su títere. Aquel destino le pareció peor que la muerte, por lo que dejó volar de sus labios carnosos aquellas aladas palabras que serían su vil condena. —Yo jamás seré tuya. Puedes golpearme o cortarme hasta hartarte, pero nunca te amaré—escupió la mujer pantera, apretando sus dientes con fuerza. El rostro de Erick, muy lejos de contraerse en ira como ella lo esperaba, se quedó en blanco, vacío y carente de cualquier atisbo de emoción. Como si lo casi gruñido por la mujer no hubiera sido oído. Pero el detective sí que la escuchó. —Tu ya eres mía Daphne Moon—susurró este con un hilo de voz. Antes de permitirle a la elocuente mujer volver a abrir la boca, presionó un brutal beso asfixiante sobre sus labios carnosos, mientras comenzaba a pasar las manos sobre su cuerpo. Ella clavó con ferocidad sus dientes sobre los labios de él, llenando su boca del amargo sabor cobrizo de la sangre.  Pero no sirvió para apartar a Erick de sus, cada vez más claros, planes. Su lengua, similar a una babosa, se deslizó por el interior de la boca de ella, rozándose como si marcara un territorio, al mismo tiempo que sentía como sus pantalones le eran arrancados, quedando expuesta por completo para él. Las lágrimas comenzaron a caer de sus ojos color noche, mientras intentaba viajar con su mente a otro mundo. Incluso trató de convencerse que quien estaba deslizándose dentro de ella era Dorian o incluso Luca. Pero Daphne sabía que aquello era mentira y no había forma de creer lo contrario, después de todo, ninguno de los dos harían lo que Erick Sowler le estaba haciendo. ----------------- Luca frotó sus manos con fuerza la una sobre la otra intentando absorber cualquier extracto de calor, mientras aguardaba con paciencia que las puertas del ascensor se abrieran. «¿Dónde estás Daphne?»  Aquel pensamiento, había atormentado al exagente de refulgentes ojos tormentosos durante el día y la noche anterior, sin encontrar una posible respuesta. No podía salir a investigar por el riesgo que implicaba la cacería de la agencia, solo y recluido en el ostentoso penthouse, con Aiden como única compañía, se limitaba a dejar correr su mente en busca de soluciones posibles. Sin embargo, esa mañana, el atractivo ladrón se había levantado más irritante de lo normal, era claro que su herida comenzaba a doler menos.  Por lo que Luca decidió salir del edificio bajo la excusa de comprar tintes para el cabello en el negocio de abajo. Para su desgracia, no había demorado tanto como lo hubiera deseado, y antes de notarlo, las puertas se abrían finalmente para revelar la entrada del departamento de Dorian. Respirando profundamente una última vez, y reuniendo el valor para no arrojar a Aiden por la ventana, Luca ingresó al lugar. —Al fin regresaste, ya extrañaba ver tu bello rostro—ronroneó el ladrón despotricado en el caro sillón de su hermano. «Por favor cuídalo»  Aquellas habían sido las palabras que Dorian pronunció antes de salir a buscar a Daphne, con la ayuda de seguridad privada que decidió contratar recientemente. —Me gustaría decir lo mismo—respondió Luca caminando hacia el sillón opuesto al del ladrón. Había mentido, una parte de el había extrañado las incesantes burlas y el coqueteo descarado de Aiden, sin embargo, otra parte dentro suyo lo mantenía a la defensiva, obligándolo a mantener la guardia en alto. Una vez que Daphne volviera a su lado, escaparía con ella y no quería llevar otra carga emocional a cuestas. —¿Que color me escogiste?—ronroneó el ladrón incorporándose en su asiento y observando al exagente con mirada risueña. —Rubio—la palabra fue plana y monótona, igual que su rostro. Las comisuras tiraron de los labios de Aiden formando una apuesta sonrisa pícara. —Conque rubio… ¿acaso tienes esa predilección?—ronroneó el ladrón tomando la bolsa donde se encontraba la pequeña caja con los tintes. —No te hagas ilusiones—bufó Luca recostando la cabeza hacia atrás mirando el techo del lugar. Era increíble, jamás se había detenido a observar, quizás el encanto natural del lugar lo habían segado haciéndolo olvidar lo que se cernía sobre él, pero debía admitir que el lustroso techo de madera blanca con finas vistas de flores era de las cosas más encantadoras que sus ojos color tormenta habían admirado. Quizás Dorian tenía buen gusto después de todo, y no solo Daphne era prueba de ello. —¿Te puedo hacer una pregunta?—dijo de repente Aiden, sin un ápice de burla en su tono. Luca suspiró profundamente de forma notable y muy ruidosa. —Ya la hiciste—se limitó a responder, sabiendo que no le importaría al ladrón. —Daphne te gustaba desde hace años, ¿Por qué nunca le dijiste lo que sentías?—interrogó Aiden, intentando construir una visión del agente. Luca lo notó, por lo que se incorporó, enfocando su mirada tormentosa en él. —No es de tu incumbencia. Ladrón—escupió con simpleza. La mirada de hielo que Aiden le devolvió dejó muy lejos al risueño chico que estaba frente a él instantes atrás. Sin embargo, está desapareció demasiado rápido, lo cual le hizo pensar si acaso había tocado un tema sensible en él. De ser así, lo usaría a su favor. —Te propongo un trato, respondo tu pregunta si tú me dices como te convertiste en ladrón—ronroneó Luca, con la esperanza de que Aiden no aceptará el trato. Pero, desde que la sonrisa felina tiró de la comisura de sus labios, el exagente supo que acababa de cometer un error. —Acepto el trato… ahora cuéntame la verdad—ronroneó recostando la espalda contra el mullido sillón, relajando su postura. —Mierda… está bien, un trato es un trato—comenzó a decir Luca a regañadientes—Cuando la única persona que he amado murió, simplemente quedé vacío, no estoy seguro de amar a Daphne realmente, ella me recuerda a esa persona y por eso me siento atraído hacia ella…. Mierda ¿Qué hago hablando de esto contigo?—finalizó desviando la mirada para ocultar el escozor en sus ojos. Aiden guardó silencio durante largos segundos, observando al agente y sopesando sus palabras. —Tu no estás vacío Luca, solo estás infinitamente roto… igual que yo—respondió el ladrón, con una hermosa sonrisa risueña. Sin poder evitarlo, el hombre de mirada tormentosa respondió con una sonrisa, mientras se preguntaba si Aiden sería capaz de robar más que solo autos. —Bueno te toca a ti, ataca cuando quieras—ronroneó el ladrón. —No, suficiente de charla… estoy cansado—respondió con simpleza Luca, tragando el nudo que se había formado en su garganta. El atractivo ladrón asintió mientras se incorporaba de su lugar; sin embargo, sus ojos color océano brillaban ante el verdadero entendimiento, como si al igual que lo hacía Daphne, Aiden pudiera leer sus emociones. Luca lo observó caminar con pasos tranquilos y relajados, sintiéndose más expuesto que nunca, pero extrañamente cómodo con esto. Siguiéndolo con su mirada tormentosa, hasta que se perdió tras la puerta del baño, el ex agente se quedó dormido pensando en las palabras que el ladrón había pronunciado. --------- Con sus pisadas como fuego, Aiden salió del baño una hora después, lanzado como flecha hacia el lugar donde Luca seguía durmiendo. A medida que se aproximaba hacía sonar sus pasos con mayor fuerza en un intento famélico por despertarlo, pero esto era en vano, el hombre de los piercings estaba sumido en un profundo sueño. —¡Me dijiste que era rubio!—gruñó con notable enfado el ladrón, llegando al pie del sillón. Su tono despertó finalmente a Luca, quien tardó unos segundos en ubicar con su mirada aturdida y borrosa, la figura del ladrón. —¿Que dices?—murmuró con la garganta reseca y algo rasposa, al tiempo que pasaba una mano por su rostro para despabilar. —¡Mi cabello!—gruñó Aiden, su mirada azul clavada en él como dardos, mientras elevaba sus manos señalando la cima de su cabeza. Siguiendo el sentido de estos, Luca quedó pasmado y horrorizado ante la visión del ladrón; incapaz de pronunciar alguna palabra, se limitó a abrir y cerrar la boca como un pez fuera del agua. Blanco. Su cabello era blanco como la nieve. Los ojos tormentosos del hombre se ensancharon mientras su corazón se saltaba un latido. No porque aquel cambio le quedará feo, lo cual era por completo opuesto. El verdadero motivo era Camilla y su cabello color nieve, similar al de Aiden. Quizás el ladrón tenía razón después de todo, él no estaba vacío.  Después de todo, estaba seguro que en aquel momento sintió algo.
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