Capitulo 16:

1660 Words
Hola bellos seres que leen, antes de dejarles el nuevo capitulo quiero decirles unas cosas en vista de algunos comentarios y mensajes. La historia se actualiza una vez por semana, el fin de pasado anterior fue el capitulo 15 y hoy el 16, las actualizaciones ya están programadas y se suben de forma automática. Son una vez por semana por el siguiente motivo, la historia esta disponible de forma gratuita por consideración a ustedes, me parece bueno el hecho de permitir el acceso a todo aquel que lo desee, sin embargo uno no puede vivir del aire, es por esto que tengo otras historias bajo contrato de forma paga (en diferentes apps) a las que debo darles prioridad (ya que se actualizan todos los días). Es por esto que solo puedo traer una actualización por semana de esta historia, para así intentar darles un material decente. (pronto llegaran a esta plataforma historias gratis de actualización diaria) Me duele en el alma que muchos de ustedes insulten o simplemente no sean considerados con el hecho de disponer de una historia completamente gratuita. Se que a todos les gustaría tener un capitulo diario, al igual que a mi me gustaría dárselos, pero esto no será posible. Perdón por las molestias, pero lo tenia que decir ya que me dolió mucho leer los mensajes cargados de enojos e insultos, no es un reto lo que intento transmitir, por el contrario cada uno es dueño de creer y actuar como mas le parezca, solo intento explicarles mi situación. Sin mas que decirles les dejo el capitulo... que lo disfruten mucho, les envío un enorme abrazo de oso. Daphne de 18 años: Cuando finalmente la bruma que parecía envolverla en aquel vertiginoso sueño la abandonó, ella tardó unos segundos en volver al mundo real. Sentía frío y su cuerpo temblaba, no sentía absolutamente nada, por lo que creyó que había muerto. Sin embargo, un punzante dolor no tardó en llegar para recordarle que seguía viva. Con mucho esfuerzo, logró sentarse sobre la asquerosa manta para recargar la espalda contra la fría pared. Los recuerdos borrosos comenzaron a abordarla de forma errática, provocándole náuseas y mareos. Daphne colocó ambas manos alrededor de su vientre e intentó inclinarse para vomitar… pero algo la detuvo. Su corazón se saltó un latido, al tiempo que respiraba con dificultad e intentaba levantar su remera, solo para confirmar el horror. Una enorme cicatriz atravesaba su abdomen bajo, está se encontraba unida por un largo hilo n***o que entraba y salía de su piel a libre discreción. «No por favor, que no sea lo que creo» suplicó ella con lágrimas amontonandose en sus ojos negros como la noche. Sin embargo no había ninguna mentira que pudiera decirse para consolar su corazón abatido, después de todo, conocía esa cicatriz y su significado. Pasos pesados y arrastrados sonaron aproximándose al lugar, pero a Daphne no le importó en lo más mínimo. Sus ojos desprendían lágrimas de dolor, cuando la podrida puerta se abrió, revelando a la mujer de aspecto andrajoso. —Al parecer ya te despertaste y estás bien—se burló ella, notando la mirada de odio y rabia que le dirigía Daphne. —¿Por qué?—se atrevió a decir la hermosa chica de mirada nocturna cuyo corazón se encontraba estallado en mil pedazos. La anciana sonrió, exponiendo aquella horrible dentadura producida por el tabaco. —Así es más fácil para todos. Nos ahorramos futuros nuevos inconvenientes—ronroneó la mujer, pasando una lengua por sus labios resquebrajados. Aquella respuesta fue la confirmación a sus mayores temores. Le acababan de arrancar otra opción, la decisión de ser madre, si es que en algún momento decidía tomarla. Fue entonces, que se dio cuenta de una sola cosa, su vida ya no le pertenecía, ella no era la dueña ni lo sería pronto. Aquellas horribles personas le habían arrebatado todo, sueños, deseos, oportunidades… no le quedaba nada más, a excepción de una cosa. Daphne Moon aún era dueña de su propia muerte. ------------------- Aiden avanzó por las calles de la ciudad con una sonrisa colmando sus labios. El viento de la noche besaba su rostro y sacudiendo su cabello igual que en una película. Sin embargo, su "paseo" en el lujoso auto de su hermano no era el verdadero motivo de su latente estado de felicidad.  No, aquello se debía al ex agente de mirada tormentosa. "Cuídate, por favor" Aquella simple y llana oración había sacudido el corazón del ladrón, enviando una vibrante corriente eléctrica a lo largo de sus huesos. Desde el momento en que salió del edificio dónde residía Dorian, él no había sido capaz de borrar esa boba sonrisa de sus labios. Luca le gustaba, no solo su atractivo física, su increíble personalidad altruista había eclipsado su belleza exterior, porque aunque intentara ocultarlo, tenía un enorme corazón repleto de buenas intenciones. Después de todo, no cualquiera aceptaba dejar ir a la persona que ama para verla ser feliz con alguien más frente a sus ojos, el propio Aiden no se creía capaz de soportar aquel tormento. Sin embargo, el ex agente estaba moviendo cielo y tierra para devolver a Daphne a los brazos de otro hombre. "Cuídate, por favor". Aquella frase volvió a revolotear por su mente haciendo crecer aún más aquella sonrisa que colmaba sus facciones. Muchas palabras habían quedado suspendidas en esa oración, un universo de sentimientos no dichos parecían separarlos y unirlos con esa frase. Mientras avanzaba por las calles de la hermosa ciudad en el bellísimo auto de su hermano, Aiden se permitió soñar, creyendo que una deidad benévola se había apiadado de él. Pero no era un ser de luz quien acudía a él, muy por el contrario, un demonio colmado de astuta malicia lo acechaba, envolviendo su vida en sombras sin que él siquiera se diera cuenta. Cuando llegó finalmente al punto de encuentro, no demoró en entender porqué había sido enviado el y no Dorian a recoger a la misteriosa mujer. La esquina de Coffey, era una parada de prostitutas, quienes en aquel momento lo miraban como si fuera un trozo de pastel en un gimnasio. —Hola cachorrito… ¿Quieres pasar un buen rato?—ronroneó una mujer que podría ser su madre, intentando inclinarse hacia adelante para tocar su rostro. Como acto reflejo, el ladrón se apartó y observó a la mujer con notable horror. —No gracias, estoy bien así—respondió él intentando sonar amable. ¿Cuánto más tardaría la misteriosa mujer y como demonio la reconocería?. La prostituta de avanzada edad se inclinó un poco más hacia adelante, exhibiendo un escote revelador y sugestivo que le daba la sensación de sostener dos enormes pasas de uvas. —Vamos chico… ¿No tienes ganas de comer carne?—insistió ella con su tono de voz áspero, seguramente por el consumo de drogas. «Mierda» pensó Aiden observando a la mujer, quien se exponía ante él como si fuera el santo Grial. —No gracias soy vegetariano—respondió él, maldiciendo el hecho de que aquel auto no fuera cerrado. —Ah, pero puedo ser una ensalada… si lo deseas—ronroneó en tono sensual y sugestivo aquella mujer, mientras deslizaba su propio dedo por sus labios y lo comenzaba a lamer. Aquello muy lejos de excitar al ladrón, revolvió sus entrañas generándole ganas de vomitar hasta su hígado. —¡Fuera!—ordenó una voz femenina con demasiada potencia. Tanto la prostituta como Aiden se voltearon en aquella dirección, solo para encontrar a una hermosa mujer avanzando desde lo más profundo del callejón. El ladrón no podía decidir que le resultaba más atractivo, su cabellera rojo vino, o el sensual contoneo de sus curvas al acercarse. —Vamos eres guapa, puedes conseguir cualquier otro que desees—respondió con desesperación la prostituta. Pero la mirada que aquella mujer de rojo cabello le dio, hizo helar hasta los huesos de Aiden. No necesitaba de mucho más para saber que ella era a quien estaba buscando, sin embargo sus palabras fueron la confirmación que necesitaba. Cuando la hermosa mujer estuvo a escasos centímetros de ellos, expuso una sensual sonrisa lupina que volvió su rostro una mezcla de belleza y terror. —El es mío.—siseó ella pasando al lado de la prostituta, rumbo a la puerta de acompañante. Sin esperar ningún tipo de invitación, se deslizó en el asiento. Confianza, belleza e inteligencia… si Aiden no fuera gay estaría babeando sobre el costoso tapiz del vehículo. —Vete a buscar alguien a tu alcance—ronroneó la hermosa mujer sentada en el asiento de acompañante a la prostituta con una sonrisa arrogante en sus labios. Aiden sintió pena verdadera por la mujer, quien se apartó de ellos sin dudarlo ni un segundo. Él la observó llegar hasta un grupo de hombres de aspecto asqueroso, y comenzar a coquetear con ellos de forma descarada. —No sientas pena por ella—dijo la mujer a su lado, atrayendo su atención—No está aquí por dinero, es una ninfómana que hecho su acomodada vida al drenaje por drogas y sexo. El ladrón la contempló durante unos segundos, notando que no se había presentado. —Hola soy Aiden, tú eres la mujer que me envió a buscar...—comenzó a decir él, extendiendo su mano hacia ella con una sonrisa en su rostro. Pero aquella mujer de hermosa cabellera lo interrumpió de forma brusca. —No digas su nombre. El viento lo oye todo—susurró ella—Mi nombre es Meliza, soy la amante de "él". El contrato de Aiden se contrajo en un nudo apretado, sabiendo a quién se refería ella cuando decía "él". Reprimiendo en lo más profundo de su corazón las ganas de llorar y gritar, mientras su corazón se rompía en mil pedazos, intentó mantener la sonrisa en sus labios mientras respondía. —Un gusto. Soy Aiden—siendo estás las palabras más difíciles que nunca había pronunciado.
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