CAPITULO 14:

1308 Words
—¿Te encuentras bien?—susurró la amable voz de Aiden a sus espaldas. Luca apartó su mirada del cielo nocturno estrellado y, girando su mentón, la posó en el atractivo chico de cabello blanco como la luna, quien acababa de salir al balcón. El exagente estaba cansado, de los juegos y burlas, del horror que parecía no detenerse ni siquiera al cerrar los ojos… él debería haber acompañado a Daphne hasta la agencia, sin embargo, prefirió pasar sus últimos momentos de libertad atormentando a Elena. Ahora era la hermosa mujer de ojos como la inmortal noche, quien pagaba las consecuencias. —No te preocupes, Dorian la va a encontrar—dijó el ladrón, aproximándose al lado de Luca. —Eso espero.—soltó por lo bajo el chico de mirada tormentosa—No logró imaginar una vida sin ella. Aiden sonrió, volviendo su rostro más suave y cálido de lo que ya era. —¿La amas?—preguntó el ladrón. —Si, pero no como lo hace Dorian… yo la necesito más como mi amiga que como mi amante—explicó el ex agente. Aiden bufó una risa, la cual hizo elevar las tupidas cejas castañas de Luca. —En mi experiencia, no hay mejor manera de perder el tiempo que con amigos o un amante… y que maravilla cuando ambos seres coinciden en la misma persona—ronroneó el chico de cabello color luna. Luca alzó las comisuras de sus labios en una vaga sonrisa errante. —Esa es una maravillosa fantasía, Aiden, pero a la hora de la verdad es el corazón quien dicta el nombre de su dueño—respondió con tono cansado volviendo su mirada a las estrellas. —Las personas cometen el error de llamar fantasía a un sueño que les aterra hacer realidad—dijo el ladrón, soltando un largo y profundo suspiro—Bueno, debo regresar a dentro, no quiero que aquel cuervo de oro termine quitándole hasta los órganos a mi Dorian. Luca sonrió ante la forma en que se refirió a Elena, sin embargo no se movió de su lugar. Cuando finalmente quedó completamente solo, en aquel hermoso balcón, soltó un profundo suspiro y contempló las estrellas, quienes parecían ser su única compañía. Las amables palabras de Aiden habían logrado llegar hasta lo más profundo de su ser, generando una revolución de pensamientos y sentimientos. Quizás estaba loco, o por el contrario, muy desesperado; pero alzando la mirada gris tormenta al cielo nocturno estrellado, le susurró un deseo a las inmortales estrellas. Uno que solo ellas pudieron escuchar y responder. ~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~ El punto final que marcó con tinta en el último apartado del documento, iluminó con alegría el rostro de Elena. Había sido una buena decisión traer los papeles legales aquella noche, habían logrado acelerar su coronación, cumpliendo así su más antiguo deseo. Sin embargo, al alzar su mirada verde esmeralda, el rostro lívido y triste de Dorian, la arrancaron de su fantasía. El millonario acababa de ceder la mitad de los derechos sobre su compañía, sin embargo, la profunda pena que cargaba en su corazón no se debía a aquello.  —Erick Sowler, es el nombre del investigador privado que contraté para averiguar sobre el pasado de Daphne—explicó la mujer de oro, sintiendo por primera vez en su vida vergüenza, mientras su mirada viajaba entre Dorian y Aiden, apoyándose en un extremo de la habitación. Aunque hermoso y sensual, el rostro del hermano del millonario no la observaba con amor o calidad, por el contrario, solo frío desdén y un inmenso reproche parecían bailar en sus facciones. --------------------------------------------------------- Luca escuchó las palabras de Elena con una calma temeraria, de esas que anteceden la tormenta. Cualquier vestigio de vergüenza ante su comportamiento con ella había desaparecido al enterarse que prácticamente había arrojado a Daphne a las garras de aquel repulsivo investigador. Llenando sus pulmones de aire demasiado frío, el atractivo joven de los piercings ingresó al despacho de Dorian. Elena tragó duro al recorrer sus hermosas facciones sin encontrar el menor atisbo de emoción.  —¿Dónde lo encuentro?—pregunto por lo bajo el hombre de mirada tormentosa. Sin embargo, sus palabras fueron audibles para todos en la habitación, quienes sintieron como la carne se les erizaba ante aquel comportamiento tan impropio de él. Elena tragó duro, temerosa de las palabras que saldrían de su propia boca. —No lo sé… intenté buscarlo en su departamento pero no estaba—respondió ella, intentando y fallando, en hacer sonar sus palabras con firmeza. —Es lo lógico. Si secuestras a alguien no lo llevarías al lugar más obvio—respondió en tono burlón Aiden. La mujer de oro se sintió pequeña ante las palabras de ambos hombres, sin embargo las aceptó con gusto. Después de todo, no se había dado cuenta hasta ese momento cuánto necesitaba aquel escarmiento. Pero aún no estaba satisfecha, quedaba un hombre de temple noble y corazón bondadoso, cuyas filosas palabras necesitaba oír. —¿No dirás nada? Si no fuera por mí, Daphne seguiría a tu lado—susurró ella buscando aquella mirada azul océano capaz de revelar cualquier emoción. Sin embargo, cuando el callado y abstraído Dorian fijó su mirada en ella, el horror invadió su corazón…. No había nada. Ni amor, ni odio o entendimiento. Solo un profundo abismo vacío que parecía devorarlo por dentro. —No vales la pena—respondió él mientras apartaba la mirada con frío desinterés. Gritos, insultos e injurias. Elena esperaba cualquiera de esas cosas, pero nunca aquella respuesta. «Eres Elena Lorchan. Una luchadora y sobrevivientes. No necesitas a nadie, tampoco sus palabras» se recordó la Diosa de oro, mientras tragaba el nudo que apretaba su garganta. —¿Qué hacemos?—volvió a hablar Dorian, está vez, dirigiéndose a Luca con el mismo tono vacío y carente de sentimientos. El ex agente cuya sonrisa estaba adornada por piercings lo observó durante algunos segundos, dándole vueltas al asunto en su mente, buscando algún tipo de solución. Hasta que finalmente está brillo en su mente, con un color tan rojo como el más vivido fuego. —Se quien nos puede ayudar… es mejor que la policía para encontrar personas, no te preocupes—respondió el muchacho de mirada tormentosa con un bajo tono de alegría, al ver la chispa de esperanza que iluminaba los azules ojos de Dorian. Sin perder un segundo, sacó del bolsillo de su pantalón deportivo el móvil y marcó el número al que solía llamar en sus noches de soledad, cuando la compañía parecía ser un privilegio delirante. «Vamos responde rápido por favor» suplicó para sí mismo Luca, mientras jugueteaba nervioso con uno de sus piercings. —¿Luca?—preguntó la sensual voz de Meliza en un tono demasiado bajo y con un deje de temor. Ambos sabían que en aquella situación, una llamada entre ellos era demasiado peligrosa. Un paso en falso y la ubicación del ex agente quedaría evidenciada. —Necesito tu ayuda—se limitó a responder Luca, siendo incapaz de revelar más información por llamada. Algo que la hermosa agente de cabello rojo como vino, entendía a la perfección. —¿Dónde?—preguntó ella con seguridad. Si la agencia la descubrían a relacionándose con él, un desertor siendo cazado, las consecuencias también la afectarían a ella. Quizás era egoísta utilizar los sentimientos que sabía ella sentía hacia él, pero estaba la vida de Daphne en juego. Nada más, ni nadie más le importaba. Fue entonces que Luca saltó al abismo, llevándo consigo un par de almas, sin conocer el brutal impacto que conllevaria aquella decisión.
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