Ruleta rusa

1963 Words
Pov Paula. Están jugando a la ruleta rusa como si fuera un bendito juego de dominó. Luciano esta sentado con la camisa abierta mostrando su perfecto pecho. Hay una mesa en el medio y del otro lado esta Terzo; su guardaespaldas de confianza. Son como dos gigantes demonios entretenidos con un acto irracional como si fuera un juego de azar. En el medio de la mesa hay cinco copas de whisky, y dos de ellas están vacías, lo que quiere decir que cada uno ha puesto el revólver en la cabeza del otro. «Dios mío santo esto es horrible» En la sala no solo están ellos dos, también esta la oxigenada de temprano sentada con las piernas cruzadas a un lado de Luciano, y los hermanos de este están del otro mirando el juego como si no fuera una vida lo que están sorteando. ¡Se volvieron locos! Trago grueso y termino de entrar al lugar, logrando que todos me miren, sobre todo Luciano, que enseguida sus ojos grises se posan en mí como si fuera una pequeña niña traviesa que tenía muchas ganas de reprender. «Guárdame señor con tu santo espíritu» ¿Con quién me casé? Este hombre está totalmente loco, disfruta de la muerte como si fuera una tontería, y yo estoy ligada a él como su esposa para siempre. —Es mejor que salgas de aquí, Paula, aquí lloverá sangre. —Interviene Mattia con una sonrisa— ¿Sabes lo que es, no? —Me pregunta tomándome amablemente por el brazo pero enseguida me zafo. Luciano le hace señas para que se siente y este le hace caso sin inmutarse palabras; le tiene miedo, ¿y como no? Sí mi querido esposo, aterra con solo existir en el mundo. —Si te quieres quedar hazlo, solo no vayas a llorar sí muero —Me dice con una mueca de burla. Caeli se remueve incómoda en el asiento de cuero marrón donde está sentada, mientras veo como Gabriella le tiemblan las manos, y no es para menos, yo también estoy nerviosa por quedar viuda antes de tiempo. Me persigno y me siento junto a mis cuñados que enseguida me dan espacio. Mattia sube la mano por mi cuello, y me pega a él con una sonrisa. —Para que no sientas miedo, cuñada —me guiña un ojo. «Me agrada» Pero la magia del momento acaba cuando Luciano aprieta los puños en la mesa y lo mira como si quisiera comérselo vivo. —Solo es un abrazo —le dice Mattia burlesco. Luciano no dice nada, se queda mirándolo fijamente como si tuviera el poder de derretirlo con su mirada, y Mattia termina por quitar la mano cuando lucifer espeta: —No quiero tener un hermano mocho —le dice con sarcasmo. No obstante, los dos lunáticos siguen con su juego. Luciano toma el revólver, le da vuelta a los tambores y apunta en la cabeza de Terzo enseguida. Puedo ver sus ojos grises, rojos, puedo ver la maldad en él y me tiemblan las piernas por presenciar tal acto. Las ganas de querer irme crecen dentro de mí. «¿Para que entre?» pero no soy capaz de ni siquiera pararme. Estoy aterrada, realmente lo estoy. Aprieto los ojos cuando detona el arma, y de este no sale nada. Mattia aplaude emocionado y yo lo miro como si estuviera loco. —¿Qué? Mientras yo no sea la presa no tengo porque tener miedo. —Se encoge de hombros. «Está familia está totalmente loca» Terzo se ríe y toma una copa de whisky para luego tomar el arma. El vientre se me contrae por pensar que puede morir Luciano. Es un ser humano, además, esto de estar casada era más divertido de lo que creí. «Dios, confío en tu justicia divina» Asimismo Terzo toma el revólver, hace la misma operación que lucifer y cuando esta a punto de detonar me pongo de pie asustada. De repente unas ganas de vomitar me embargan, además de que todo comienza a dar vuelta a mi alrededor pero Mattia me obliga a sentarme. —Ella no es una mujer apta para presenciar esto, es una monja —Interviene la tal Caeli y yo ruedo los ojos enseguida. Terzo detona el arma y Luciano sonríe al ver que no muere. «Cómo si no quedara dos copas más, por Dios» Aprieto mis manos que se estan poniendo frías, pero Mattia me las toma mientras me susurra al oído: —Si él se muere yo me caso contigo, no te preocupes. Lo miro con la boca abierta, y Gabriella logra sonreír por fin. —Tengo más suerte de lo que creés, Mattia —dice Luciano con sarcasmo y Mattia achica los ojos. Luciano hace la misma operación que antes, y cuando esta a punto de detonar el arma, Gabriella se levanta molesta. —Ya para este absurdo juego Luciano, esto es una locura, con la vida de un ser humano no se juega, puedes matar a Terzo —dice apretando los puños con molestia. Terzo se cruza de brazos como si le sorprendiera las palabras de la pequeña Morgan, y sonreí mientras dice: —Pensé que le caía mal señorita Gabriella —dice con ese acento extraño que me parece un poco gracioso. —Hagan lo que quieran, pero no voy a presenciar tal acto —Sale lanzando la puerta. Me pongo de pie con ganas de hacer lo mismo que ella, pero cuando estoy apunto de hacerlo, de nuevo la primita de Luciano habla. —Pensé que eras más valiente, Paula —dice sirviéndose una copa de whisky. Me devuelvo con las manos empuñadas. «Amar al prójimo como a ti mismo», Repito en mi mente, lo único malo es que el prójimo en este momento no está colaborando mucho que digamos. —Esto se va a poner interesante —dice Mattia sirviéndose una copa. Me acerco a él y le quito la copa de las manos y la tomo de un solo sorbo. Mattia abre la boca con sorpresa mientras yo arrugo la cara por el sabor. «Es horrible» Luciano me fulmina con la mirada, pero no le hago caso; él también está haciendo cosas que no debería, porque mira que dejarme viuda tan pronto es un acto egoísta de su parte. Veo como Terzo toma el revólver, pero no lo ha puesto en la sien de su patrón cuando yo me voy en vómito contra la mesa. Luciano se levanta apresurado mientras Terzo se echa a reír con desespero y Mattia aplaude. —Te dije que esto era muy fuerte para ella, Luciano —Interviene Caeli. —Has silencio Caeli —le dice este molesto. Todo me comienza a dar vueltas, estoy oliendo a vómito, sucia, y con mareo. —¿Te encuentras bien?—Me pregunta Luciano con el ceño fruncido. Todo me comienza a dar vueltas, no sé si es la impresión de lo que estoy viendo, o simplemente el trago que le dí a mi virgen estómago, o que me cayó mal el desayuno, solo se que caigo desmayada en los brazos de Hades. … Cuando me despierto, toda la cabeza me duele, al igual que el estómago. Me pongo de pie y meto las manos en las pantuflas de conejo que traje del convento. Estoy dispuesta a salir a buscar algo de comer cuando… ¡Me doy cuenta que estoy en ropa interior! No llevo nada de ropa, y yo recuerdo perfectamente lo que pasó, y definitivamente estaba vestida cuando eso. «¿Acaso me vio desnuda?» Me visto con unos de mis vestidos largos, y desteñidos y salgo como alma que lleva el diablo a enfrentar a lucifer. Apenas cruzo el corredor con las manos empuñadas, me tropiezo con Anna, la ama de llaves que viene con un carrito de comida. —¿A dónde va, niña Paula? Le acabo de hacer un caldo de pollo para que se le acomode el estómago —dice con amabilidad. —Una pregunta Anna, ¿tú me cambiaste la ropa que tenía puesta? —le pregunto deseando que me diga que sí. Ella me mira con la cara pálida, pero no responde nada, así que comprendo su silencio. «Lo voy a matar y que dios me perdone» —Me suponía —le digo caminando hasta el despacho de él. Siento como el humo sale de mi cabeza de la rabia que siento. Él no tiene ningún derecho de verme desnuda, bueno, si lo tiene, pero no me gusta que lo haga. Apenas abro la puerta del despacho, lo veo sentado con ropa limpia, y mirando unos papeles en sus manos. «Descarado» —¿Me cambiaste la ropa Luciano Morgan? ¿Fuiste capaz de verme desnuda sin mi consentimiento? —Me cruzo de brazos esperando su respuesta. Él sube la mirada con paciencia, como si no entendiera la gravedad del asunto y me mira con una de sus cejas alzada. «Lo quiero ahorcar» —Estabas llena de vómito —dice como si nada y yo bufo. —Hay mujeres aquí Luciano, no tenías ningún derecho de verme desnuda —le digo molesta. La voz me tiembla de la rabia y estoy segura que la barbilla también, además de que las ganas de llorar no es nada normal, porque… a mí ningún hombre me ha visto desnuda jamás, y esto es algo demasiado traumático para mí. —Soy tu esposo, Paula, en algún momento lo iba a hacer —se encoge de hombros. —Tu y yo tenemos un trato —le digo apunto de llorar. —¡Yo no he hecho ningún trato contigo, eres tú la que no entiendes que eres mi esposa, y que puedo verte desnuda, tocarte, y hacerte el amor cuando quiera porque eso hacen los esposos! —Me dice golpeando la mesa. El sonido del golpe contundente contra la madera negra me hace sobresaltar del miedo. —Yo no me voy a acostar contigo hasta que no me ames, era un ser aberrante —le digo dándome la vuelta para irme. No sé en qué momento lo hace, pero Luciano Morgan se pone de pie y camina hasta mí para tomarme del brazo. Puedo sentir su toque duro en mi muñeca, y también su respiración de león en mi nuca, logrando erizarme toda la piel con ello. —Tu eres mi esposa, ya debes entenderlo —me voltea en un solo movimiento. Me pega de la pared con brusquedad, y yo trago doble. «Quiero correr» —Te odio, odio tu manera tan hostil de ser, odio tu manera de querer todo cuando quieres, ¡Eres un narcisista! —le grito en la cara. Luciano aprieta sus puños con rabia, puedo ver sus ojos rojos, y el titilar de su sien con rapidez. —Y tú eres una mocosa insolente, que no comprende nada de la vida, y que además usa calzones de abuela —me dice con burla. No ha terminado de decir la palabra cuando con toda la fuerza de mi frágil mano, lo abofeteo, logrando con eso que mi muñeca se tuerza. Chillo de dolor, y él me mira con burla como si fuera una simple cosquillas para él. —¡Terzo! —grita molesto. Enseguida Tarzán llega al rescate, y yo me pongo pálida al verlo. —Encierrala todo el día de hoy, hasta que ella no aprenda a respetar no la saques —da la orden. —No te atrevas a tocarme tarzan —lo señalo pero el hombre no me toma importancia. Terzo o como se llame, me toma como costal de papas y me sube a sus hombros para luego salir conmigo del despacho, no sin que antes le grite a Luciano: —¡Nunca seré tuya! ¡¿me oyes?! ¡Nunca!
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