POV. EMILIA.
—¡Joy! —dije asombrada ante ella porque no me esperaba realmente que viniera.
—No puedo decir que esta sea la reacción que esperaba, mejor amiga —dijo mientras me apartaba para entrar, pero aún estaba momentáneamente impactada como para reaccionar ante su naturaleza intrusiva. Antes de darme cuenta, ya estaba en mi pequeña cocina llenándose de todo lo que podía encontrar en mi refrigerador.
—¿Qué haces aquí, Joy? —le pregunté.
—Podrías al menos fingir estar feliz de verme, Emilia —dijo mientras tenía la boca llena.
—Lo estoy, pero es realmente sorprendente dado el hecho de que no te he visto en mucho tiempo —dije acercándome a ella y dándole un abrazo.
—¿Y de quién es la culpa? —dijo haciendo pucheros mientras me golpeaba el brazo.
—Tú sabes que tuve que dejar ese lugar, pero ¿cómo me encontraste? —dije mientras la llevaba a mi sala de estar y nos sentábamos uno al lado del otro.
—¿Quieres las buenas noticias o las malas noticias primero? —dijo tímidamente y la miré sospechosamente.
—Supongo que las buenas noticias primero.
—Tú y yo vamos a pasar mucho tiempo juntas, como en los viejos tiempos —dijo, y sonreí. Joy puede ser una molestia la mayoría del tiempo, pero estuvo ahí para mí cuando no tenía a nadie más, y realmente es mi mejor amiga.
—¿Te mudaras aquí? —dije emocionada.
—No, pero tú volverás a casa —sentí cómo se me drenaba la sangre del rostro ante su revelación.
—No, ni de coña —dije levantándome y paseando por la pequeña sala de estar.
—Orden del Alfa —dijo mirándome con simpatía.
—Bueno, dile a tu Alfa que se vaya al infierno porque no hay forma de que vuelva a la Manada —le dije—. No voy a volver allí.
—La manada, tu familia y la Luna te necesitan —dijo.
Exploté.
—¡NO. ME. IMPORTA!
—Tú sabes que no habría venido si no fuera serio —dijo calmadamente, e inmediatamente lamenté la manera en que le hablé.
—Lo lamento, Joy, pero tú, de entre todas las personas, sabes exactamente lo que esas personas me hicieron y no puedo enfrentarme a Alex después de la forma en que lo traicioné, así que por favor no me pidas que haga esto —dije mientras las lágrimas caían de mis ojos.
—Lo sé, amiga, te entiendo, pero no puedo hacer nada al respecto porque el Alfa me lo ordenó y si no puedo llevarte de vuelta, los guardias te llevarán de vuelta por la fuerza.
—¿Por qué quiere desesperadamente que vuelva después de todos estos años?
—No puedo decírtelo —dijo negando con la cabeza.
—Bueno, no iré a ninguna parte hasta que sepa la razón por la que de repente todos me necesitan —dije, dirigiéndome a mi habitación y cerrando la puerta de un portazo.
Intenté dormir, pero no pude sacar de mi mente las palabras de Joy.
—Definitivamente me van a despedir —pensé, pero no puedo hacer nada si estoy tan distraída.
¿Por qué la manada y mi familia me necesitan considerando el hecho de que mi familia sabía por qué tuve que irme?
Construí una vida lejos de mi familia hace 5 años y hoy me arrastran de vuelta a ese mismo lugar. Si vuelvo a casa, no creo que pueda sobrevivir a la angustia de ver a mi pareja con otra mujer, pero también sé que no puedo desobedecer la orden del Alfa.
Cuando el sol empezó a brillar por la ventana, me sentí como un fantasma. Casi no dormí mientras pensaba en todo. Estaba cansada y lo peor de todo, tenía que trabajar.
Tomé una ducha rápida, me puse mi uniforme de camarera y salí de la habitación, solo para encontrar a Joy durmiendo incómodamente en mi sofá. Me dio pena porque a veces he dormido en ese sofá y a la mañana siguiente me dolía todo el cuerpo.
Preparé el desayuno para las dos y cuando terminé, Joy ya se había despertado e intentó hablar conmigo, pero la ignoré.
Después de desayunar y justo cuando iba a salir para trabajar, la escuché hablarme de nuevo.
—¿Cómo crees que se sentiría el Alfa si viera lo pequeño que es el lugar en el que vives y que trabajas como camarera, Emilia? ¿Crees que se creerá todo este asunto?
—Estoy feliz y estoy viviendo la mejor vida que se pueda pedir, ¿sabes?
—Dudará de todo lo que alguna vez le dijiste y querrá saber la verdadera razón por la que te fuiste, todo lo que estoy tratando de decir es que si los guardias de la manada vienen aquí, informarán todo al Alfa y tú no quieres eso —lo que dijo me hizo detenerme en mis pasos, pero luego recordé lo que él me dijo la última vez que hablamos.
“Te odio por irte sin decir una palabra, y odio cuánto sigo preocupándome por ti.”
—A él no le importa, probablemente desee que esté muerta —dije, limpiando una lágrima solitaria de mi rostro.
Cuando cerré la puerta del apartamento, sollocé contra ella por mi pareja.
Dejé a mi pareja hace 7 años por la felicidad de mi familia, pero a cambio hice mi vida miserable y no puedo evitar pensar en cómo está Alex y si es feliz sin mí.
¿Por qué la diosa de la Luna me bendijo con una pareja si sabía que siempre tendría que verlo feliz con mi hermana desde lejos?
—Pensé que te habías ido hace 2 horas —dijo con una extraña mirada en sus ojos cuando abrí la puerta de nuevo.
—Supongo que pasé 2 horas sollozando contra la puerta y realmente no puedo ir a trabajar ahora —no tenía energía para responderle, así que fui directo a mi habitación y me metí en la cama.
Escuché cómo se abría la puerta de mi habitación y sentí cómo mi cama se hundía y unos brazos me rodeaban.
—Sé que es egoísta de mi parte pedirte esto, pero ven conmigo y comprueba por ti misma cuánto te necesitan —dijo.
—Yo también los necesitaba hace años, pero no estuvieron ahí para mí, así que ¿por qué debería regresar? —respondí.
—Porque eres Emilia y siempre pones a los demás antes que a ti misma —dijo ella y pude darme cuenta por su sollozo que también estaba llorando.
—Duele tanto, Joy. Tengo que ver a mi hermana con mi pareja, he tenido que vivir 7 años sin mi pareja, pero verlos juntos me destrozará —sollocé.
—Odio esto tanto como tú, Emilia, pero no tengo otra opción.
—¿Cómo le miro a los ojos y le digo que estoy feliz por él sabiendo perfectamente que yo soy quien debería estar a su lado haciéndolo feliz? —lloré, y escuché a mi mejor amiga sollozar también.
—Odio verte llorar.
—Solo quiero quedarme aquí y regodearme en la autocompasión —dije.
—Todo cambió el día que te fuiste, todos cambiaron y sé por qué no quieres volver y honestamente no quiero que vayas, pero esto es algo más grande que todos nosotros —dijo ella, y de inmediato la miré con preocupación.
—¿Qué quieres decir?
—La Luna no está bien, Emilia —dijo—. Tu hermana no ha estado bien desde el día que te fuiste.
—¿Qué? —pregunté.