POV. EMILIA.
Parte de mí aún resiente a mi hermana. Ella es mi gemela y aún así no pudo ver mi dolor, no pudo ver que me estaba rompiendo por dentro, sin embargo, ella continuó viviendo su felices para siempre con mi pareja.
Sí, ella no sabía que era mi pareja, pero lo menos que podría haber hecho era preocuparse por mí, pero todo lo que le importaba era su felicidad.
Aunque sin saberlo me lastimó, ella sigue siendo mi gemela y escuchar que no ha estado bien durante los últimos 7 años realmente rompe mi corazón.
—¿Qué le pasa? —dije presa del pánico.
—Realmente me sorprendiste, esperaba que dijeras 'se lo merece' —exclamó ella y yo reí entre lágrimas.
—Extrañé tu locura.
—Y tú tuviste que vivir sin mí durante años, debiste haber estado miserable —dijo juguetonamente.
Joy y yo pasamos todo el día empacando y aunque no había mucho que empacar, quería dejar mi pequeño apartamento limpio. Mi mejor amiga no estaba contenta con mis arreglos de vida, pero eso es todo lo que pude permitirme con el dinero que aprendí a conseguir.
Siendo la hija del Beta, tenía todo lo que necesitaba y tener que trabajar por algo fue realmente difícil al principio, pero estaba decidida y logré hacerlo funcionar.
Joy no me dijo cuál era el problema de mi hermana, así que supuse que era grave porque como hombres lobo las enfermedades humanas no nos afectan.
Casi no dormí, incluso hoy, preguntándome cómo todo ha cambiado en la manada.
Nuestra manada, Bloodmoon, es la segunda más grande del mundo después de los Royals, y está ubicada en América del Sur. El ex Alfa Gray es el segundo hijo del ex Rey Alfa Valdis, y como no era heredero al trono y su pareja era la única hija del alfa de la Manada Bloodmoon, se mudó y asumió como alfa, el Alfa Gray y Alex son parte de la familia real.
A la mañana siguiente, la realidad de lo que estaba sucediendo se había establecido y mi corazón se estaba desgarrando. Cuando salimos del aeropuerto hacia la Casa de la Manada, mi ansiedad aumentaba y sentía que no podía respirar.
James, quien descubrí que era el compañero y esposo de Joy, nos recogió en el aeropuerto, pude ver que hacía feliz a mi mejor amiga y estaba un poco celosa pero también feliz por ella.
Los recuerdos volvían rápidamente y todo se estaba volviendo demasiado.
—Por favor, detén el auto —dije, sosteniendo mi cuello.
—¿Estás bien? —dijo Joy tan pronto como el auto se detuvo, pero yo ya estaba afuera corriendo hacia la nada porque había bosque por todas partes.
Me deslicé de rodillas y lloré amargamente porque parecía que todos los problemas del mundo pesaban sobre mí y no tenía a mi loba que entendiera mi dolor.
—Esto fue una mala idea, Emilia. Solo ve a correr lejos a algún lugar y aceptaré cualquier castigo que el Alfa me dé —dijo Joy mientras limpiaba mis lágrimas, pero nada parecía funcionar porque las lágrimas no se detenían.
—No puedo rendirme cuando he llegado tan lejos, Joy —dije enderezándome y yendo hacia el auto mientras un confundido James me seguía.
Cuando llegamos a la Casa de la Manada, mis manos sudaban y estaba nerviosa.
La vida en la manada no siempre fue mala, recuerdo a mi hermana y a mí corriendo por todas partes mientras nuestros hermanos nos perseguían.
Recuerdo a papá enseñándonos a andar en bicicleta y a nosotros siguiendo a papá mientras estaba de servicio.
Recuerdo principalmente los recuerdos míos y de Alex, principalmente los dos corriendo en nuestra forma de lobos.
Extraño a mi loba.
Después de irme, ella desapareció y solo estaba yo.
Desafortunadamente para mí, el auto se detuvo frente a la Casa de la Manada y mi familia ya estaba allí esperándonos junto con algunas otras personas que no reconocí, pero afortunadamente Alex y mi hermana no estaban cerca.
Tan pronto como salí del auto, mi madre me abrazó. El abrazo no hizo más que alimentar mi odio hacia ella.
“Mírate y mira tu comportamiento, Emilia. No puedes ser una Luna."
"¿No puedes hacer esta pequeña cosa por tu gemela?"
"Todos hemos sacrificado por las personas que amamos. Entonces, ¿por qué no puedes hacer esto por tu hermana?"
"No te permitiré ser egoísta."
Todos sus insultos volvieron a mi mente y la empujé inmediatamente. Todos los que nos estaban mirando se sorprendieron por nuestro encuentro, pero me importaba poco.
Mis hermanos lucían diferentes y tenían a mujeres hermosas a su lado que supuse eran sus parejas, bien por ellos. Mis hermanos habían crecido, se veían bien, aunque no se los diría.
Cuando los vi acercarse a mí, me giré para mirar a Joy y a James.
—¿Pueden llevarme ante al Alfa? —dije con voz inexpresiva.
Joy y James me llevaron al interior de la Casa de la Manada y los rostros de mis hermanos se vieron heridos cuando pasamos por ellos, pero apenas si me importaba.
Cuando entramos, pude sentir su presencia y todo se volvió demasiado real, cuando tocamos la puerta durante un minuto, consideré huir.
Cuando entré, jadeé al ver cómo se veía. Mi pareja seguía tan guapo como cuando lo dejé, pero la expresión en sus ojos cuando me vio me hizo retroceder.
Parte de mí deseaba que me reconociera como su pareja, pero supongo que la bruja a la que mis padres me llevaron hizo un buen trabajo al ocultar mi olor porque él no lo hizo.
Cuando Alex regresó después de mi cumpleaños, afirmó que había olido algo antes de irse y sospechaba que era su compañera, pero no pudo encontrar el olor de nuevo, así que todos consideraron que era un malentendido.
—Joy, trabajo bien hecho. No esperaba menos —le dijo a mi amiga mientras ella y James inclinaban la cabeza y se iban—. Veo que decidiste volver a casa —dijo sarcásticamente mientras cerraba su laptop y me miraba con una sonrisa maliciosa.
—Bueno, no fue exactamente mi elección —dije defendiéndome.
—Es mejor que cuides ese tono conmigo, Emilia. Porque soy tu Alfa —dijo levantándose y acercándose a mí hasta tenerme contra la puerta.
—No eres mi Alfa —dije temblorosamente.
—Oh, lo soy porque no rompiste el vínculo con esta manada y realmente no me importa si lo rompiste y te convertiste en una rogue, pero hasta entonces te convendría respetarme —dijo agarrando mi garganta y chispas se extendieron por todo mi cuerpo por su contacto.
Luchaba por respirar cuando soltó mi garganta y caí al suelo tosiendo furiosamente.
—No quiero que estés aquí, pero mi compañera te necesita —me dijo y sentí que mi corazón se rompía.
—¿Qué le pasa? —le pregunté aunque mi garganta me dolía.
—El dolor físico se cura eventualmente, pero las heridas del corazón duran toda la vida —dijo distraídamente y lo miré confundida.
—No entiendo —dije.
—¿Cómo entenderías? De todos modos, elegiste abandonar a todos —dijo moviéndose hacia su silla.
—Alex, yo...
—Para ti es Alfa Alex —dijo y tragué con dificultad.
—Tuve que irme, no había nada más para mí aquí —le dije y él bufó.
—Tu familia estaba aquí, Emelia, tus amigos y gran parte de mí estaba aquí, pero elegiste irte, así que no trates de hacerte la víctima —dijo bruscamente y yo me sobresalté.
—¿Estabas aquí? ¿En serio? Ale... quiero decir, Alfa, ¿a quién quieres engañar? ¡Encontraste a tu compañera elegida y apenas me notaste a mí, así que no finjas ser una víctima! —grité. Vi cómo sus manos se cerraban en un puño en mi campo de visión y su lobo estaba saliendo.
—Así que te fuiste porque no te estaba prestando atención —se burló.
No pude soportar más sus burlas y salí corriendo de su oficina, hacia fuera de la casa de la manada y al bosque abierto.
Seguí corriendo hasta que sentí que mis piernas cedían.
No merecía su odio, ¿entonces por qué me odia?
¿Qué le pasó a mi mejor amigo?
Si ya me odia tanto por haberme ido, ¿qué sucederá cuando se entere de lo que hice?
Alex trató de convencerme de que regresara cuando me fui, pero yo le seguía diciendo que estaba feliz y lo alejaba constantemente.
Sé que es mi culpa que se haya cansado y dejado de luchar por nosotros, o al menos por nuestra amistad, y me aproveché de él al empujarlo hacia mi hermana sabiendo muy bien que era su compañera.
Supongo que nunca pensé realmente que me odiaría, porque si hay algo permanente en mi vida, es él y mi amor por él... O eso pensaba.
—Aún no puedo aceptar que ya no seas mío. Aún no puedo creer que cada mañana, cuando me despierto, no estés ahí. Si tan solo pudiera retroceder el tiempo o cambiar mis decisiones, lo haría —me dije a mí misma mientras miraba hacia el cielo y lloraba.