El ambiente es agradable, la música es contagiosa y hace que mi cuerpo fluya solo, me dejo llevar del ritmo, Victoria y yo estamos bailando juntas, reímos por todas las locuras que hacemos, sin duda soy afortunada por tenerla.
- ¡Ey! Victoria, ¿podrías venir aquí? Necesitamos que nos tomes una foto – menciona Laura, una de nuestras compañeras que luce algo tomada
- Si, ya voy
Mi compañera de baila se aleja y yo quedo de pie en la pista bailando sola, cierro mis ojos y el efecto de las cervezas y el par de shots están produciendo la sensación para rica en mi cuerpo, aún estoy consciente de todo, solo que mi cuerpo está más liviano.
A lo lejos veo a las chicas posar de manera sexy, parecen conejas playboy en una sesión para la portada de una revista, me rio por la forma en la cual actúan, captan la atención de todos en su forma particular de mover sus cuerpos y los gestos provocativos de sus caras.
- Por fin estas sola – escucho a mis espaldas lo que me hace girar de inmediato.
- ¡Dios, me has asustado!- digo sobresaltada con las manos en el pecho.
- Lamento asustarte, no era mi intención.
Bernard apenado es muy curioso, sus mejillas se tornan rojas.
- Creo que no le agrado a tu amiga, es bastante evidente, pensé que no se apartaría ni un segundo de tu lado; desde hace un par de horas quería venir y pedirte que bailáramos juntos.
Lo veo detallándolo aún más y parece un buen chico; me extiende su mano y no dudo en recibirla, dejamos que nuestros cuerpos se muevan al ritmo de la música y nuestro contacto visual es más penetrante.
- ¿Con quién has venido? – pregunto para romper un poco más el hielo
- Compañeros de trabajo, hoy es mi cumpleaños y me han traído aquí para celebrar – responde señalando hacia un grupo pequeño que lo miran con entusiasmo.
- ¡Vaya! Feliz cumpleaños – menciono con una sonrisa.
- Te escribí ayer, quería hacer algo un poco más tranquilo hoy y quería que tú me acompañaras.
- ¿yo? ¿Por qué querer pasar tu cumpleaños con alguien que no conoces?
- Ese sería el regalo perfecto, conocerte
Me arden las mejillas por su comentario pero trato de disimular que me ha sorprendido.
- ¿A caso no tienes una familia con quien celebrar estas fechas especiales?
- Si tengo, pero me encuentro solo en New york, soy de Italia, trabajo aquí desde hace unos meses, soy médico.
- Comprendo, que interesante
Ya decía que lucía como un hombre inteligente. Bernard se acerca poco a poco y puedo percibir aquel aroma que se ha grabado en mi memoria, él es como una lechuga que siempre está fresca. Es muy alto y su figura se ve atlética, parece un chico saludable, es de piel blanca y sus ojos oscuros al igual que su cabello lo hacen ver muy atractivo; cada vez que se acerca puedo descubrir más de él, como sus manos y uñas delicada, su barba perfilada y su pecho tan fuerte como una roca que deja al descubierto una seña de lo que parece un tatuaje, lo veo porque tiene los dos primeros botones de su camisa blanca desbrochados por el calor que invade el lugar.
- ¿Qué tienes tatuado allí? – pregunto de forma inescrupulosa señalando de cerca su pecho, tan cerca que pude rozar la tela de su camisa.
- El nombre de mi madre, la fecha de su cumpleaños y la fecha de su fallecimiento
- Oh, lo siento, no sabía que…
- Esta bien, fue hace mucho, tanto que lo tatué en mi piel para no olvidarme de ella.
Me causaba mucha curiosidad saber la razón de su muerte pero ya era demasiada información por hoy, además el lugar no es el apropiado.
- Oye, lamento no responder los mensajes, estuve tan ocupada en el restaurante y en mis clases que no encontré el espacio para revisar.
Es real, sé que hoy día tenemos el celular hasta para hacer del dos, pero tuve uno de esos días en los que no te percatas nada.
- Entiendo, debe ser difícil para ti tener tantas responsabilidades al tiempo, eso me hace admirarte más.
- ¿Admirarme? Por qué un hombre con una profesión envidiable, que ayuda a las personas podría sentir…
- No lo digas, mira, te diré por qué eres sensacional, primero; haces lo que yo nunca hice, eso de trabajar y al tiempo estudiar debe ser muy difícil, también sobrevivir, me refiero a mantenerte tú misma. Yo vengo de una familia adinerada, nunca me hizo falta, digamos que ha sido fácil, no quiero decir que mi carrera fue regalada, estudie con mucha dedicación pero no me imagino tener que dividir mi tiempo para hacer dos cosas a la vez.
- Vaya, debe ser agradable no tener preocupaciones por dinero
- El dinero no es tan importante, algunas veces trabajamos más de la cuenta por nada.
¿Cómo dice que no importa? bueno si él no quiere su dinero por qué no me lo regala entonces, así dejaría de trabajar y me dedicaría a estudiar sin tener que preocuparme de pagar cada semestre.
- Quizás tengas razón, pero si no trabajo no gano dinero y si no gano dinero no estudio y tras de eso muero de hambre, así que si tiene un grado de importancia.
Me rio por mi propio chiste cruel, lo que a él no le pareció tan chistoso, cosa que no comprendo porque señor yo lo tengo todo es una realidad.
- Me gusta lo que haces, admiro lo valiente que eres, cualquier hombre quisiera a una mujer fuerte como tú.
Debe estar tomado, está diciendo muchas estupideces.
- Gracias – menciono por salir del paso
Bernard sigue bailando y por momento se acerca más a mí, a lo lejos veo a Victoria y parece molesta, no presto atención, en cualquier instante se le pasará. Sigo en medio de la pista con el sujeto más agradable, hablamos de todo un poco, hasta de la música que sonaba. En cada contacto de nuestros cuerpos sentíamos más confianza, él tenía sus manos en mi cintura y la verdad no me desagradaba, yo rodee mis brazos alrededor de su cuello; las luces, la multitud y todo a nuestro lado desapareció, hace mucho que no experimentaba algo similar, esa sensación y conexión no tiene explicación.
- Eres hermosa, luces muy bonita esta noche
- Gracias por tantos halagos.
El hombre me mira a los ojos y esa mirada es tan penetrante, sus oscuros y brillantes ojos me intimidan, su expresión es muy evidente, por segundos mira mis labios y luego vuelve a conectar nuestras miradas. Siento como si nuestros rostros necesitaran estar más cerca y por eso de forma involuntaria se acercan más y más, veo sus labios tan cerca que automáticamente cierro mis ojos para esperar el contacto de sus rojos y carnosos labios, Bernard pone su mano en mi cuello y une nuestras bocas lo que provoca que se acelera mi corazón.
- ¡¿Qué haces?! – escucho a Victoria gritar y al instante me toma del brazo con tanta brusquedad que caigo al piso.
- ¿Acaso estás loca? – dice Bernard sorprendido del show que se ha formado, donde todos están expectantes.
- ¡Cierra la boca, hijo de puta! – Victoria sale del club molesta y yo voy detrás de ella por una respuesta a su reacción.