- Soy Melany Johnson, tengo veintitrés años de edad, soy de Londres y vivo en New York desde hace dos años, soy estudiante de Lenguas e idiomas, tengo experiencia como mesera; me caracterizo por ser responsable, disciplinada y tener buen trato a los clientes. - digo mientras dos señores y un joven me observan
- ¿Me puede dar su currículum? - pregunta el señor observando la carpeta de color blanco que llevo en mis manos.
- Claro - se la extiendo con una sonrisa
El hombre lee atentamente lo que está en las hojas y la señora a su lado que creo que es su esposa me sonríe y de reojo mira lo que está en las manos del señor.
- ¿Por qué ya no estás en tu antiguo trabajo? ¿Qué inconvenientes tuviste?
- ¡Oh! Ninguno, tuve que renunciar porque estaba muy lejos de la universidad, por eso me he mudado hasta aquí pues se me hace más fácil; pero de verdad no tuve inconvenientes, mi anterior jefe dejó allí su carta de recomendación- menciono señalando el folder blanco - también está su número de contacto, pueden llamar y preguntar por mi trabajo.
- Es muy interesante tu hoja de vida, ¿Cuántos trabajos has tenido? Son muchos por los que puedo notar.
- Si, e que debo pagar la universidad y tuve varios trabajos de medio tiempo para poder ahorrar algo
- Eso es tan admirable - responde el hombre mientras ve a al muchacho de al lado quien creo que es su hijo con decepción.
Un silencio incómodo aparece y aclaro mi garganta para que prosiga con lo que está haciendo.
- No hay más que ver, estas contratada; puedes venir mañana, es fin de semana y podemos ver qué tal te va y las horas en las que puedes estar en el restaurante.
- ¡Muchas gracias! - grito por dentro de felicidad. Me hace muy feliz poder trabajar aquí, me han dicho que las propinas son buenas, además está cerca del lugar en el que viviré y de la universidad.
Salgo feliz de aquel lugar y camino hasta un pequeño apartamento que está sin amoblar, antes paso por un café donde por lo general estudio con una gran amiga, su nombre es Victoria, la conozco desde inicio de semestre se ha convertido en alguien muy especial, me ayuda en situaciones y apuros hasta económicos en los que me he visto, ella es de aquí de New York, aunque desde que la conozco vive sola, no sé mucho de su familia o de ella, es muy reservada y respeto su forma de ser, solo escucho lo que ella quiere compartir de su vida conmigo, sin embargo sabe casi todo de mí. Aunque no es mucho, no es una vida muy interesante; mis padres murieron cuando tenía solo cinco años, por tal razón quedé al cuidado de mi tía, quien recuerdo con odio y deseo lo peor para ella, Rebecca, mi adorada tía se aprovechó de mí y me utilizó como su sirvienta y la de sus malditas hijas, me humillaba como cuál cenicienta pero sin príncipe y sin final feliz. Cuando cumplí la mayoría de edad me fui y no me importó su trozo de papel dónde decía que era mi tutora, con el me amenaza en dejarme en un orfanato. El día que salí por esa por puerta me limpié el culo con su orden de tutor legal y me fui señalándole a todos el dedo medio; viví sola en Londres, dónde trabajé y ahorré por mucho para poder venirme, estoy en New York porque quiero cumplir el sueño de terminar mis estudios en idiomas y viajar por todos lados, aunque tenga qué trabajar limpiando las mesas de las personas o lavando platos.
- ¡Ey, Ahí estás! - dice Victoria levantando su mano, le sonrió y voy hasta donde ella.
- Demoré lo lamento, tuve mi entrevista en el restaurante Italiano - respondo mientras acomodo mi silla para sentarme
- ¿Qué tal te fue? - pregunta dándole un sorbo al café cargado que siempre pide
- Me dieron el empleo, mañana debo ir temprano.
- ¡Es grandioso! Debemos celebrar con unos waffles con jarabe, yo invito.
Durante la mañana estuvimos repasando y haciendo los trabajos de la universidad, por la tarde fui al lugar que ahora le llamo casa y nos reunimos con un compañero de clases llamado Elioth.
- Chicas, quizás debamos hacer la introducción mañana, ya estoy cansado y tengo hambre, Melany no le ofrece nada a sus visitantes. - rio por el comentario pero es verdad
- Soy pobre, cuando sea una multimillonaria te prometo invitarte algo de comer - digo rodeando sus hombros
- Yo puedo invitar la comida hoy – dice Victoria saltando de su puesto hasta nosotros y separando mi brazo de él, Vicky puede ser un poco celosa.
Por hoy dejamos nuestro trabajo hasta allí, mañana temprano inicio en mi nuevo trabajo.
Narra Mark
- Entones, ¿Hace cuantas noches no puede dormir? – pregunta mi terapeuta
- Hace dos noches no duermo – respondo cruzando mis piernas y apoyando mis manos sobre ellas.
- ¿Qué haces durante ese tiempo? – cuestiona la mujer de casi cuarenta años
- Trabajar, me conoces Felicia, no me gusta perder el tiempo. – digo mirándola a los ojos.
Felicia es mi terapeuta hace unos meses, es una mujer madura que luce muy bien, la vi en una conferencia y me resultó muy interesante lo que decía. Vine con ella por petición de mi padre, dice que mi estrés es lo que me ocasiona a veces el mal humor y mal carácter; vengo por obedecer su orden pero yo tengo la forma de nivelar y liberar el estrés que hasta el mismo me ocasiona.
- Sabes que debes canalizar tus cargas, ya hemos hablado esto dura…
Mi celular suena haciendo que me ponga de pie.
- Lamento la interrupción Felicia, debo responder la llamada – digo agitando el celular en mis manos.
- Te dije que lo apagaras durante las secciones
Hago caso omiso a la observación de la mujer y salgo para responder la llamada.
- Hola M – Saluda la dama solo diciendo la letra inicial de mi nombre
- Hola Miranda
- Necesito que vengas a casa esta noche, tengo algo nuevo para ti. – menciona con tono agradable. Se a lo que se refiere, eso me gusta.
- En un rato estaré allí. – Digo para luego colgar.
Regreso al consultorio de mi terapeuta para tomar mi saco.
- ¿Te irás? – pregunta sorprendida
- Si, me surgió algo muy urgente
- Mark, llevamos meses y no me has dejado hacer mi trabajo – dice molesta la mujer
- Toma las cosas con calma, Felicia – respondo guiñándole un ojo
- Tu padre se molestara cuando le diga que las sesiones son una mierda, no estas poniendo de tu parte – Parece alterada por el tono que usa
- Calma – le digo en tono suave, camino hasta su escritorio y me inclino muy cerca de su rostro – Pareces estresada mujer, trata de tranquilizarte y canalizar tus emociones – menciono pereciendo yo ahora el terapeuta de la mujer – ella me mira algo intimidada y con sus mejillas rojas, puedo saber que aquí puedo jugar por un tiempo.
- Yo… yo no estoy estresada – tartamudea para contestar
- Pues eso es lo que parece – paso mi dedo índice por su rostro para despejar de su mejilla un mecho de cabello que ubico detrás de sus orejas. - ¿Ya estas más calmada? – pregunto en un susurro y ella sin responder afirma con su cabeza.
- Bien, entonces me voy y continuamos en la siguiente semana – ella vuelve a afirmar.
Salgo de su consultorio y voy por mi auto, me esperan unas horas de viaje hasta Botton house, un lugar que se ha convertido en parte de mi propia terapia en contra del estrés y la ansiedad. Allí me gusta estar porque me siento como el puto Dios, obtengo lo que quiero con solo apretar un botón. Miranda es la dama mayor, así se le conoce; es la dueña de la casa que refugio a muchas mujeres, que preparan para nuestros servicios.
El lugar es bastante retirado, tanto que la señal en ocasiones se pierde, los mensajes llegan después de tiempo.
- Señor Mark, ¿Cómo está? Le recuerdo que mañana a primera hora debe estar en el orfanato Hogar feliz, para que haga entrega de la donación.
Es un mensaje de mi asistente, ya había olvidado ese compromiso. Respondo solo con un OK para seguir con mi viaje.
Los autos ingresan por un túnel que dirige directamente a Botton, es un sitio que literalmente esta debajo de la tierra, cada invitado ingresa a una cabina en completa privacidad, nuestras identidades solo son conocidas por la dama mayor.
Estoy sentado ante un cristal que me da vista a un salón pero quien este allí no puede ver a ninguno de los amos, nombre con el que nos identifican a nosotros los compradores.
- Buenas noches, prestigiados caballeros. En treinta segundos iniciamos la subasta, la cuenta regresiva empieza: treinta, veintinueve, veintiocho, veintisiete…
La voz de la bocina da aviso de cada detalle del producto que deseamos
- Cindirella, dama de dieciocho años de edad, latina, 1,60 de estatura, piel morena…
Al escuchar el color de su piel presiono el botón rojo, eso quiere decir que no me interesa.
Tomo una copa de vino mientras terminan la subasta y presentan a la próxima mujer.
- La siguiente es Bella, parisina de veinte años de edad, piel blanca, cabello rubio, 1,69 de estatura…
Presiono el botón verde, que me permite ver a la dama caminar y modelar su cuerpo en aquel salón vacío, llevando prendas parecidas aquellas bailarinas de danza árabe; me gusta ella, por lo que creo que presionaré el botón dorado que indica que quiero hacer la compra. Da vuelta con lentitud y así aprecio su cuerpo con detalle, pero tiene algo que parece un lunar, tiene la piel con una asquerosa mancha por lo que presiono el botón rojo para indicar que no quiero hacer la compra.
Durante la noche veo a unas seis mujeres más pero ninguna es como me gusta, eso sí me hace estresar, eso sí me hace sentir frustrado; salgo de mi cabina pero antes le dejo mi inconformidad a Miranda, quien me responde que pronto llegará nueva mercancía, espero que si cumplan mis expectativas.