Narra Melany
En mi primer día de trabajo me fue mejor de lo que esperaba, el señor y la señora Smith son muy amigables, siempre están al pendiente de sus trabajadores intentando mantenernos siempre a gusto en un lindo ambiente laboral.
- Servicio de la mesa 18 - dice el chef encargado de la cocina, quien luce como un pequeño muñeco de trapo, gordito y cariñosito.
- Voy - digo llegando con una bandeja vacía.
Tomó la siguiente bandeja y se ve muy rico lo que han pedido, esa lasaña luce tan exquisita; es como si me hablara y me pidiera casi suplicando que la comiera.
- ¡Wao! Eso luce muy rico chef - le digo al maestro de esa obra en un suspiro.
- Te puedo preparar un poco al final de la jornada - responde meneando el sartén dejando que los alimentos salten por el aire.
- ¡¿De verdad?! Eso sería maravilloso, te recordaré para que no lo olvides
Salgo de la cocina llevando la tentación en mis manos, ese olor es delicioso.
- Aquí tiene su pedido, una deliciosa lasaña de pollo. - sonrío y dejo en la mesa la comida y utensilios.
- ¡Vaya! Se ve muy bien, espero que el sabor sea lo mismo. – menciona la mujer afortunada en comer el manjar.
- Le gustará mucho, ya verá – digo dándole un último vistazo al plato casi que limpiando mi boca llena de saliva y me retiro
Luego de terminar mi servicio tomo mi móvil para leer documentos de la universidad, me quedo en un rincón de la cocina donde sea casi que invisible para los demás menos para el chef que me dará comida.
- Hay un servicio, es un joven en la mesa diez, ¿Quién puede recibir su orden? - pregunta el encargado del restaurante
Veo en todas las direcciones y parece que la única disponible soy yo, por lo tanto levanto la mano y digo que puedo hacerlo.
- Oh, muchas gracias; lamento pedírtelo a ti, sé que tú turno ya terminó.
- Está bien, igual no pierdo nada con atender al cliente
Guardo mi celular en el delantal de mi uniforme y salgo con mi agenda y bolígrafo.
Me acerco a la mesa diez y veo a un joven de unos veintiocho, muy arreglado e incluso perfumado.
- Buenas noches, bienvenido al restaurante Capriccio, ¿Qué desea ordenar?
- Buenas noches, por favor me das unas pastas a la carbonara acompañadas con una copa de vino Sauvignon blac.
Tomo nota de la orden y le pregunto si desea algo más, el joven niega con su cabeza y con una sonrisa me doy vuelta para ir hasta la cocina.
Vuelvo a sentarme en aquella esquina y saco mi móvil para seguir con mi lectura acerca de los niveles de idioma y su clasificación, trato de guardar en mi mente aspectos importantes y lo más relevante para comprender mejor.
- ¡La orden de la mesa diez está lista! - escucho a lo lejos
Me pongo de pie y voy por la comida más la copa de vino de aquel joven con olor delicioso, su olor es más rico que el de la lasaña.
Salgo con mi bandeja de color plata y despacho su pedido con la misma sonrisa que lo recibí.
- ¿Cómo es tu nombre? - pregunta mirándome fijamente.
- Pues… - respondo mientras señalo la placa dorada de mi uniforme.
- Melany, es un nombre muy bonito - dice brindando una sonrisa.
- Gracias, es usted muy amable. - contestó con mucha formalidad
- Dime Bernard - menciona extendiendo su mano; dudo en si deba recibirla pero por educación es lo correcto, no podría dejarlo con su mano en el aire.
- Un gusto, Bernard - estrecho su mano con firmeza y este hace un pequeño gesto de dolor.
- El gusto es todo mío, no te había visto en este lugar, ¿eres nueva? - pregunta curioso
- No, yo antes era la chef pero un día intoxiqué a un cliente con unas pastas que hice y me suspendieron de la cocina, ahora estoy de mesera. – respondo con seriedad, lo que hace que Bernard me observe con rareza y luego a su plato.
- Es broma, si soy nueva. Hoy es mi primer día aquí.
- ¡Oh, vaya! - dice como en un suspiro de alivio tocando su pecho.
- Espero que disfrutes tu comida - le brindo más y más sonrisas para poder retirarme.
Al volver a la cocina, me espera una deliciosa lasaña de pollo que devoro en cuestión de segundos.
- Dios bendiga esas manos, esto es un manjar hecho por los dioses de las lasañas.
Él chef se sonroja un poco y parece apenado por tanto halago, pero de verdad valen la pena.
- Prometo traerte mañana una rica porción de torta de chocolate - le digo al creador de mi plato para así ir a los camerinos a cambiar mi uniforme, la chica del siguiente turno ha llegado.
Me estiro un poco entrelazando mis dedos y estirando los brazos lo más alto que puedo, me pongo en puntas de pie y me quedo en esa posición unos cinco segundos para estirar mi cuerpo. Empiezo a cambiar mi uniforme; que es una camisa blanca, jeans azules y un delantal n***o que lleva mi nombre en una placa dorada, en la cabeza un gorro n***o con el nombre del restaurante en letras blancas y por ultimo zapatillas negras.
Saco del casillero mis prendas y me visto con una camiseta de color rosa algo ajustada, jeans, zapatillas blancas, mi chamarra y para terminar suelto mi cabello. Tomé mi mochila y me dispongo a salir, veo la hora y aún estoy a tiempo para ir a clases; Victoria pasará por mí, pues dijo que estaba cerca y podríamos irnos juntas, me despido de todos y les deseo un feliz día.
Saliendo del restaurante por la salida trasera camino un poco hasta dónde está mi amiga esperando. Para eso camino hasta una esquina y debo cruzar la calle, pero antes de hacerlo un auto se detiene de repente impidiendo que pueda seguir, me lleno de nervios y al ver a la persona que conduce me da algo de alivio.
- ¿Bernard? - digo al ver al hombre que casi me arrolla con su auto
- Lamento asustarte, por un momento creí que no eras tú. - dice apenado
- No me diga que no le gustó la comida y por eso me está siguiendo.
- Oh no, casualmente pasaba por aquí, hace poco salí del restaurante. ¿Necesitas ir algún lugar? - pregunta sonriente.
- Si, voy a mi clase, que por cierto me empiezo a retrasar - respondo para que ponga en marcha su auto y me de paso.
- Puedo llevarte - se ofrece al instante
- Oh, eres muy amable pero una amiga me espera cerca de aquí
- Es una lástima no poder llevarte, me hubiera gustado charlar un poco más contigo.
- En una próxima ocasión - menciono para que se vaya.
- ¿Puedo pedirte algo? No sé si sea muy irrespetuoso de mi parte pedirte tu número de teléfono, quizás pueda invitarte a tomarnos un café y charlar ¿te parece? - lo miro por unos segundos y hago un análisis rápido, parece un hombre serio, en sus gestos no veo nada que alarme, luce sencillo y des complicado.
Accedo a darle mi número por dos razones: una me resulta interesante, inteligente y muy apuesto y dos, para que se vaya y despeje mi camino. Me inclino hasta la ventanilla de su auto y le dicto el número de manera pausada, luego me da su mano en una forma de despedida y esta vez soy más delicada con la estrechada.
El joven de olor rico se va y cuando voy a cruzar la calle para ir hasta mi destino veo a Victoria parada en aquel extremo observándome, por lo que levanto mi mano y la agito en el aire en señal de saludo.
- ¿Quién era ese sujeto? - dice con su semblante serio.
- ¡Oh! Es un chico que conocí en el restaurante, es muy apuesto
- ¿Le das tu número a alguien que recién conoces? - pregunta aún con esa expresión de molestia
- No parece mala persona, fue muy caballeroso y respetuoso; me ha dicho que quiere tomarse un café conmigo y charlar.
- No creo que eso esté bien, es tu primer día en ese lugar, que dirán tus jefes.
- Nada, él fue quien quiso saludarme, además ya me encontraba fuera de mi lugar de trabajo.
- No lo sé, a mí no me agrada, si te llama o te invita es mejor que no aceptes
- Pero si ni siquiera lo conoces, tampoco yo lo conozco, estas exagerando.
¡Dios! Ella siempre es así, pero entiendo que me tiene mucho aprecio, soy como su hermana menor, muchas veces me lo ha manifestado con sus buenos actos conmigo.