Capítulo 3

1428 Words
Narra Mark Es muy común ver en la prensa, revistas de entretenimiento y otros medios algo referente a los Harrington, somos muy conocidos y eso desde que llegué al mundo,  la familia de mi padre son adinerados y el heredó toda la fortuna, empresas y acciones que pertenecían a mis difuntos abuelos; mi madre es una diseñadora, tiene su propia línea de ropa;  mi padre Víctor Harrington la conoció en un desfile de moda que se llevó a cabo en parís, desde entonces están juntos. Tengo tres hermanos, soy el mayor de todos; está mi hermano Lucas y mi hermana Lucia. - María, lee mi agenda de hoy, necesito saber cuáles son mis asuntos pendientes, tengo algo importante que hacer. – Le pido a mi asistente mientras termino de firmar unos documentos que estaban en mi escritorio. - Señor, solo le queda pendiente una junta esta tarde con su padre y los socios del nuevo proyecto – menciona María revisando en su tablet. - Bien, muchas gracias, ya puedes retirarte. Mi padre es propietario de varias empresas; una de ellas es de automóviles de último modelo, conocidos con la marca VH, él es el encargado directo; mi hermano Lucas dirige una constructora, la constructora Harrington y yo un banco llamado Harrington bank que es mi responsabilidad, también tiene varias líneas de hoteles y acciones en diferentes partes del mundo. Mi hermano y yo debemos estar enterados de todos y cada uno de los movimientos que se den en estos negocios que generan cuantiosas sumas de dinero, tanto que mi padre es conocido por sus grandes donaciones y actos de caridad que cobijan a miles de personas. El nivel de compromisos y trabajos que manejamos son complejos por lo que contratamos más personal de trabajo que ayuden a solventar el nivel de carga que tenemos, mas conociendo lo exigente que puede ser mi padre. - Padre, en la constructora hemos planificado, programado y le hemos hecho el seguimiento a la obra, pero ese proyecto arquitectónico va a tomar más tiempo debido a inconvenientes con los contratantes. – menciona Lucas con algo de dificultad las últimas palabras. - ¿Inconvenientes? Creo que no escuché bien lo que dijo Lucas, ¿El mencionó que había un inconveniente? – mi padre odia muchas cosas, es un hombre muy perfeccionista, astuto y extremadamente precavido, y entre esas cosas que odia esta la palabra inconveniente, contratiempo y más si se trata de sus negocios. - Padre, pero es una situación que a Lucas se le sale de las manos, pues el contratante no cumplió con lo que se había estipulado en el contrato. – digo tratando de respaldar a mi hermano. - ¡No! – Grita dando un fuerte golpe al escritorio – ustedes deben saber analizar a los contratante y ya deben inferir si pueden ser responsables con lo que estipulan o no. – menciona molesto. - Pero padre solo serán dos días de retraso, logramos llegar a un acuerdo con los montos que se restaban y la gente del nuevo centro comercial dijeron que… - No, no, las excusas no valen Lucas, para que hacen una planificación si luego van a dejar que los imprevistos ocurran. – dice con su ceño fruncido. - Pero padre… - mi hermano intenta ser escuchado y justificar la situación. - Nada, no digas nada, ya has retrasado a todo el personal dos días, dos días en los que deberán descuidar otros proyectos por tu culpa, los has retrasado a todos. Mi hermano me mira con cara de tristeza y agacha la mirada. - ¿Y tú? – dice mirándome fijamente, lo que siempre me intimida. - Padre, ya se ha realizado la gestión de los fondo e inversiones de forma correcta, le he enviado el reporte esta mañana. - Oh, claro que sí, ya lo había olvidado; por favor, necesito que estés muy actualizado, sabes que tenemos una posible competencia y no pueden quitarnos del primer lugar, te encargo eso. - Si padre. Más tarde recibimos a unos socios y otros inversionistas para tratar nuevos proyectos en la línea de hoteles, todos estamos porque a pesar de las diferencias con mi padre nos compactamos muy a la hora de hacer negocios. Al terminar salgo junto a mi hermano menor y este parece molesto - No comprendo, nada de lo que hago le parece bien, estoy harto Mark, trabajo tanto y nunca resalta lo bueno que hago, solo se fija en los pequeños errores para condenarme.   - Calma, sabes que el sí valora lo que haces, de no ser así no te encargaría tanto compromiso, el conoce tus capacidades. – menciono como una forma de consuelo. - ¿Qué harás ahora? – pregunta mientras busca las llaves de su auto en los bolsillos de su pantalón. - Tengo un asunto con un inversionista – digo mirando mi reloj - ¿A esta hora? Ya casi llega la noche – dice extrañado - Si, cenaré con él y con su abogado - Bien, entonces cuídate- dice despidiéndose y alejándose hasta su auto. Espero unos minutos que se marche para emprender mi viaje hasta las afueras de la ciudad, necesito relajarme, y tengo un lugar donde lo puedo hacer. Es una cabaña que compré hace unos años de la cual solo dos personas tiene conocimiento de su ubicación, ahí he logrado crear un espacio en el que soy yo mismo, en donde puedo despejarme y liberarme de tantas ataduras, donde no tengo mantener una imagen ni tengo que preocuparme de ser señalado. Frizo ve mi auto aparecer a lo lejos del camino y abre la gran puerta que da acceso a mi lugar de reposo. - Señor, que gusto, hace días no venía por aquí. – dice con la sonrisa que lo caracteriza. - Mucho trabajo mi querido Frizo, por eso he venido a distraerme – menciono dándole una barra de chocolate, a él le gusta mucho. - ¡Oh! ¿Es para mí? – dice saltando como niño pequeño - Si, es tuyo, es un obsequio para ti. El hombre se abalanza sobre mí para darme un abrazo. Frizo es un joven de veintiocho años, pero su mente es como la de un niño de nueve, su nombre es Andy y desde que lo conozco lleva ese apodo. Tiene un tipo de trastorno que desconozco pero es obediente y leal, que para mí es lo más importante, solo hace lo que yo ordeno porque supe ganarme su confianza. Lo encontré hace un tiempo en un acilo al cual mi padre hizo a través de mi unas donaciones, y una remodelación completa por medio de la constructora. El en ese lugar tenía la tarea de cuidar a los ancianos pero el trato que recibía era inhumano, mas sabiendo que era un joven con necesidades diferentes a los demás. Recuerdo el día que llegué a ese lugar y sin fijarme el cordón de mi zapato Beluti se había soltado, el joven corrió hacia mí y se inclinó para amarrarlos con una canción que aun suena en mi cabeza. “Había una vez un árbol en el bosque” “Un día un conejito dio la vuelta alrededor de él” “Encontró una madriguera y se metió sin dudar” “Pero como era pequeñito necesitó ayuda y por eso tiró, tiró y tiró” Dice cada frase haciendo un paso; primero hace un lazo  y luego arma el otro, da la vuelta alrededor de él metiéndolo por debajo de tal manera que al tirar ya estaban amarrados. Eso me conmovió, pregunté por él y supe su condición, su triste historia de vida, lo que me hizo sentir más empatía y me disgustara el trato de los demás con él. Me costó mucho sacarlo de aquel acilo en el cual vivió por tantos años, hice mil y un intentos con muchos detalles e incluso dinero, pero nada era sorprendente para él, pero descubrí su debilidad de forma casual, el chocolate, con una barra de chocolate lo convencí. Desde entonces el cuida de la cabaña, de los caballos y de mis sumisas; es obediente, responsable y me es leal. Aquí no le falta nada y puede tener la libertad de hacer lo que quiera, me veía reflejado en el en muchas situaciones. - Frizo, por favor baña y cambia a nuestra huésped; traje sus prendas en mi auto, cámbiala con cuidado de aruñar su piel con las lentejuelas que adornan las prendas. Voy a mi baño y me preparo para mi sesión con la huésped, la cual me acompañará hasta hoy.  
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD